La triste historia de una madre y sus dos hijos

Ibarra. El barrio Monseñor Leonidas Proaño, ubicado en la avenida 17 de julio, es un sitio histórico que ostenta el privilegio de haber tenido la presencia del Ge-neral Simón Bolívar, cautivando la atención del transeúnte con el pintoresco retrato del Libertador.

Dentro de este lugar emblemático se encuentra la historia de una madre que también día a día luchó y lucha por el bienestar de sus hijos.

Su vivienda es fácil de identificar, ya que al subir o bajar las gradas del sector, en el extenso tramo cubierto de hiervas, se conserva unas cuantas plantas de aguacate que cubren un pequeño dormitorio que hace el rol de casa.

Historia. Hablamos de Amparo Cadena, que junto a sus dos hijos, Jefferson (18 años de edad) y Jhair de 8 viven en una precaria vivienda de ladrillo y hojas de zinc, la cual no fue construida con cimientos de columna, técnica que evita afectaciones por desastres naturales y asegura estabilidad y seguridad. “Mi casa fue construida con la ayuda de mis hermanos” dijo.

Jamás imaginó enfrentar esta situación. “Vivíamos en Quito pero me separé de mi pareja por problemas conyugales, así que inmediatamente decidí regresar a Ibarra con mis 3 hijos”, nos cuenta Amparo.

Hace 5 años llegó a Ibarra y adquirió el terreno familiar, heredado por su madre, en el que yace su hogar. En este estrecho espacio está la cocina, el comedor y una sola cama en la que duerme junto a sus 2 hijos. El baño está en la parte posterior de la casa, que está rodeada de varios escombros.

También comentó que hace 2 años solicitó al Municipio de Ibarra, material de construcción para ampliar un cuarto más, pero no recibió ningún apoyo por la anterior administración.

Situación económica. Subsiste de la venta de legumbres y vegetales, mismos que vende fuera de su casa. Comenta que la iniciativa del negocio se dio en las protestas de Ecuador suscitadas el pasado mes de octubre. Actualmente las ventas son muy bajas, así que 3 días a la semana deja el negocio a cargo de su madre y trabaja cosiendo prendas de vestir. Pero el dinero es insuficiente para la manutención de los integrantes de esta familia, no tiene un trabajo estable. “A veces no tengo ni para el pasaje, así que con mi hijo pequeño madrugamos para ir caminando hasta la escuela”, con tristeza dice Amparo.

Su hijo de 18 años se graduó con la esperanza de seguir una tecnología o ingeniería, pero las condiciones en las que vive le han obligado a desistir de esa meta y por el momento, buscar un trabajo que ayude a generar ingresos para su familia