La terrible Tunda

Me dice la señora Mencha que en Esmeraldas le contaron que “la tunda no es negra, es negrisísisima, como una noche sin luna ni estrellas en una casa sin puertas ni ventanas. La Tunda no tiene boca, ni siquiera bemba, sino bembísima. En vez de pierna derecha maneja una pata de molinillo, que suena tum tum cuando camina por el monte, más cuando ella se ríe, se ilumina la noche, llueve cocos recién pelados y vuelan mariposas blancas”.

Algunos discuten y discuten ¿qué mismo es la Tunda? Sin embargo, la historia continúa “A uno de la comunidad se le apareció, no una mujer sino como perico, que cuando él más caminaba el Perico se iba más lejos.

Tanto que le hizo caminar toda la noche y no lo pudo cazar. Tuvo que amanecer en el monte, cruzando por matorrales, pero él no se hizo daño porque sentía que alguien le cargaba para pasar las espinas. La comunidad se preocupó de su desaparición y fueron a buscarle con la madrina, bombo, cununo y guasá. Cuando lo encontraron, tuvieron que echarle agua bendita, porque gritaba, tenía los ojos que se le querían salir y el cuerpo gelatinoso, pues había comido el tapao de camarón hecho por ella.”

La leyenda recorre, de boca en boca, en el pueblo afrodescendiente; al contar, la imaginación popular incrementa detalles a la historia, como la pollera roja que usa la Tunda, el baile embriagador o el rico olor del “tapao” que emboba al marchante distraído.