La Paz como ciudad en una leyenda

Las leyendas al ser narraciones sobre distinto género de hechos naturales o sobrenaturales, el decir popular los enaltece, se quedan en ellos y en su tránsito de circulación sobreviven como ontología de seres grandiosos y conglomerados sociales consolidados.

Cuentan que la riña entre los dioses Wirakocha (el constructor) y Kjuno (el destructor) era sin igual. En “la ciudad de teja rojas, de castillos blancos, de manchas verdes de árboles, de casas y calles que se apresuran y tropiezan al subir las laderas… ¡La Paz! Ciudad de siglos.

La capital más alta del mundo, a cuatro mil metros, en un fantástico hoyo rodeado de picos y crestas” (Almendros, 1958).

“Cansado Wira de aquella lucha sin fin, pensó amparar de una vez sus obras contra la furia de su rival. E hizo esto: asentó con fuerza el talón de su pie poderoso contra el suelo, aquí en este altiplano, y así se formó ese hoyo ancho que ves, en el que luego levantó la ciudad. Cuando llegó Kjuno lanzó sus ejércitos de nieve a la gran hoya, pero todos se deshacían por las laderas; la gran cuenca recogida y tibia, fundía la nieve en miles de hilos y arroyos de agua purísima. Tampoco el viento pudo pasar, desgarrado y herido por los bordes de las rocas afiladas, y encajonado y preso entre altísimas montañas” Conocer la riqueza arraigada en la sabiduría popular: ensancha el espíritu, engrandece el acervo cultural y afirma las identidades.