La paradoja del Día del Trabajo

kim viveroDesde que el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional celebrado en París en 1889 instituyó al 1 de mayo como el “Día Internacional del Trabajo” en honor a aquellos obreros mártires de Chicago, que ofrendaron su vida en la consecución de la jornada laboral de 8 horas, han transcurrido 125 años.


No obstante, esta fecha de gran significado ha sido acogida, reconocida y establecida como un día de profundo fervor cívico y de solidaridad laboral en la gran mayoría de países del mundo pero paradójicamente en los Estados Unidos de América y Canadá “The Labor Day” o “Día del Trabajo” se celebra el primer lunes de cada mes de septiembre. Esto demuestra que no solo los pensamientos y sentimientos, prácticas y experiencias, costumbres y tradiciones de los ciudadanos sino también las leyes y códigos, decretos y disposiciones, estímulos y sanciones establecidos en los países son diferentes, pero no debemos olvidar que las naciones están conformadas por seres humanos, y que sin tomar en cuenta la etnia, edad, género, ubicación geográfica, lengua materna, credo religioso o filiación política todos somos personas.
Esta identidad particular faculta y exige a que tanto el profesional o experto que vive en la metrópoli más grande como el campesino o trabajador que habita en el pueblo más pequeño tenga los mismos derechos y obligaciones para poder acceder a un trabajo acorde a la preparación, experiencia, o méritos. En la práctica este derecho universal no se cumple para algunos hombres y mujeres puesto que cada día es más difícil y hasta imposible encontrar un trabajo estable, lo que hace que la celebración del “Día del Trabajo” sea una “paradoja” para quien no tiene una razón para festejarlo; asimismo para aquellos que tienen un trabajo seguro, el celebrarlo laborando sin un día de descanso sea también una “incongruencia.” Independiente de la celebración, quienes hoy tenemos un trabajo por más sencillo o importante que sea debemos agradecer a Dios, dar lo mejor de nosotros, poner nuestra mente y corazón en lo que hacemos, y aprovechar la mínima oportunidad para aprender porque el trabajo bien hecho dignifica a la persona.

 

Kim Vivero Saltos
kvivero@pucesi.edu.ec