La obligaron a dejar su país

Ibarra. El conflicto interno que vive Colombia ha generado el desplazamiento de muchos de sus ciudadanos a otros países de la región, uno de ellos Ecuador. Debido a esa situación y al miedo que le infundieron “Anita”, nombre protegido, tuvo que abandonar a su familia, su negocio y a sus amistades, para salir corriendo de la tierra que la vio nacer y desplazarse hasta territorio ecuatoriano para empezar de cero.

Historia. El pasado 15 de abril, la joven de 25 años llegó al Ecuador, donde trata de sobresalir y adaptarse al giro de 160 grados que, a la fuerza, dio su vida.

A pesar que aún vive con ansiedad y miedo, “Anita” accedió a compartir su historia con Diario El Norte.

La pesadilla de la joven empezó en 2018, cuando montó un negocio donde expendía productos para personas afro, en su mayoría.

El emprendimiento empezó a crecer y a rendir sus frutos. Sin embargo, luego de dos meses de haberse instalado el local, un grupo de hombres vestidos con una clase de uniforme y portando armas de fuego llegó al negocio. Ella aseguró que eran paramilitares.

“Unos cuantos ingresaron al local, entre esos alguien que me hablaba, pero no sé si era una mayor o un coronel. Empezó a observar el lugar, empezó a hablarme y a preguntarme que cómo me llamo. Entonces, me dijo que todas las personas que tenían negocios en el lugar les tenían que pagar una cierta cantidad de dinero para poder montar un negocio ahí. El monto solicitado estaba entre 1 500 000 y 1 800 000 (alrededor de 500 dólares) pesos colombianos. Algo que me era muy difícil pagar”, dijo “Anita”.

En ese instante, su vida empezó a desmoronarse.

La muchacha intentó hablar con ese grupo insurgente, con el fin de llegar a un acuerdo. Pero, según su relato, al notar que su negocio era muy concurrido le dieron una solución: reclutar gente para ese grupo armado. Sin embargo, no accedió y al ver que su vida estaba en riesgo decidió huir.

“Fue una situación bastante difícil. Fueron, digamos, varios meses que estuve con bastante miedo. Me estuve, primero, escondiendo en Colombia y ya al ver que me estaban buscando para matarme, lo primero que hice fue desplazarme fuera de mi país porque no había otra solución”, explicó la joven.

Le robaron. La odisea de la muchacha no terminó ahí, ya que una vez que logró ingresar a territorio ecuatoriano, en Tulcán, alguien le robó el poco dinero que traía.

Eso hizo que la luz al final del túnel sea más distante y la única oportunidad de contactarse con el único familiar que tiene en el Ecuador se esfumó.

Andó dos días en la calles de la capital carchense, donde aguantó frío y hambre. Sin embargo, su suerte empezó a cambiar cuando se encontró con una caritativa señora.

Le preguntó qué le pasaba y “Anita” le contó lo que le sucedió. La ciudadana le dio abrigo en su casa e hizo que le ayudara en los que-haceres del hogar. Así se ganó el dinero para poder contactarse con su tío y comprar el boleto de autobús para internarse más en el Ecuador.

Mientras narra su historia, se acuerda de su familia. En ese momento, sus ojos se le llenan de lágrimas y no puede evitar que más de una ruede sobre sus mejillas.

“Después de eso, a una le cambia totalmente la vida porque te toca empezar de cero. En esta parte del Ecuador no me siento muy segura del todo, pero procuro buscar trabajo. Tengo que buscar mi sustentación”, sentenció “Anita”.

Por el momento, en el Ecuador, ella trabaja en un salón de belleza, donde, además de ganar algo de dinero para cubrir sus gastos, se distrae y, por momentos, olvida su desgracia, haciendo algo que le gusta.

“Anita” también tiene mucha habilidad en las manos. Puede hacer trenzas en el cabello de una persona, hasta en menos de cinco minutos.
En Ecuador, “Anita” vive con su tío y todos los días camina para adaptarse aún país que aún es desconocido para ella.