La negación de la crisis (I)

myriam valdiviesoLas crisis políticas y económicas  de los estados  no se resuelven por decreto, tampoco con sendos discursos,   invocación al líder muerto, con agitación de las masas, o propaganda política, mucho menos se revierten  si se  acusa a fantasmas desestabilizadores, a  intereses imperialistas, o a una oposición incipiente. Nada peor para una crisis que no aceptarla, negar su existencia como un hecho real que involucra aspectos económicos, sociales, de seguridad, de corrupción, de carestía de víveres,  de convivencia, de polaridad política, y que significan, desde el poder, el haber cometido errores que necesitan reparación urgente.

La circunstancia histórica que  vive  Venezuela es lamentable, es el caso de una muerte anunciada, de lo que en  principio fue un proceso político interesante, equitativo, innovador o revolucionario, que redistribuía la riqueza con un  pueblo pobre y postergado en medio de un mar de petróleo y riqueza que no llegaba con sus réditos a todos por igual;  fue una esperanza para quienes soñaron con ver al país caribeño como una potencia  petrolera  e industrial. Todo se fue diluyendo con el paso del tiempo, en la medida  que avanzaba  la consolidación de un poder único, de un partido único, de la réplica del modelo cubano,  que la propia historia demuestra  ya no es funcional. En Venezuela al parecer pudo más el acomodo personal, la creciente  “boliburguesía” o burocracia nueva y merecedora, por  su incondicionalidad, de grandes prebendas económicas, de influencias poderosas y de apropiamiento del bien público.  Nada  logra  el bolivarianismo  al pretender negar este hecho expuesto y constatado por el propio pueblo, la realidad es que junto a un proyecto político creció la  corrupción con ambiciones personales, vicios  y viejas prácticas endilgados a la tradicional oligarquía venezolana.

 

Myriam Valdivieso C.
      mival63@yahoo.com