La música es parte de la vida de José Panamá

Realizar un instrumento musical lleva mucho tiempo y paciencia. José Panamá, desde los 14 años de edad inició con este aprendizaje que lo ha dado a conocer entra los músicos locales, nacionales y además, su trabajo ha sido llevado al extranjero.

 

Como todo kichwa otavaleño, lleva el comercio y la música en la sangre. Su primera experiencia en la construcción de instrumentos, la vivió en su adolescencia, cuando por curiosidad e iniciativa propia, construyó un rondador de carrizo. ‘Nadie me enseñó, aprendí viendo y decidí hacerlo’, asegura el artesano quien además afirma que un extranjero se enamoró del rondador y lo compró a 15 sucres.

 

Este gesto del extranjero, motivó a Panamá, quien vio en la construcción de instrumentos de viento, su sustento. Aquí nació la idea de construir instrumentos de viento para ser independiente. Panamá asegura que un año más tarde, el reto fue más grande. ‘Un amigo de Lago Agrio me pidió 5.000 antaras, yo no sabía cómo voy a hacer pero acepté el reto’, explicó.

 

Para cumplir con este pedido acudió a donde un constructor de instrumentos de viento en donde aprendió, solo viendo, la forma de hacer este instrumento musical. ‘Tres meses después, gracias a la ayuda de familiares, logré entregar el pedido’, dijo Panamá y añadió que desde ese día inició a construir más variedad de instrumentos de viento.

 

Como aficionado a los instrumentos musicales, tuvo la oportunidad de viajar a varios países de Europa, Sudamérica y Centroamérica, para dar a conocer la música otavaleña. Al regreso de uno de estos viajes, se decidió a aprender a construir instrumentos de cuerda. ‘Luis Edmundo Guevara, fue mi maestro, con él aprendí lo básico de este arte y desde ahí no he parado’, dice. Su taller, Wayra Ñan (Camino del viento) está ubicado en el barrio Machángara Alto en donde también tiene su domicilio desde hace cuatro años.