La muerte de un periodista

jacinto salasLa trágica muerte de un periodista, Fausto Valdiviezo,  ha conmovido a una buena parte del país, incluso a aquellos que lo conocieron únicamente a través de la pantalla de la televisión o de su voz en la radio. A los que admiraban su estilo directo, su posición frontal cuando encaraba los problemas sociales, los de su ciudad o del país.


La inesperada y absurda partida de Valdiviezo, por manos de la delincuencia, ha perturbado a una sociedad que, es penoso decirlo, se mantuvo indiferente y fría cuando presiones políticas le quitaron de en medio, o encontraron formas para descalificarlo, porque en una época como la presente,  las voces discordantes no tienen espacio, y si lo poseen, hay que anularlo. Será por eso que ciertas condolencias ante su deceso semejenvacías, huecas.
Esa aparente contradicción,  esa especie de incoherencia social parecería demostrar que pese al escenario hostil, al ostracismo obligado de las voces que discrepan, la ciudadanía sigue confiando en la prensa y en periodistas que como Valdiviezo, mantienen su integridad no obstante la crítica intransigente, las voces intolerantes de los círculos del poder.
Una tragedia como la que enluta al  periodismo ecuatoriano debería marcar un punto de quiebre, un punto de partida que haga factible un replanteamiento – hoy, en apariencia, imposible -,  de las relaciones prensa-poder. El retorno a un clima de tolerancia, de aceptación mutua y positiva de la divergencia. Porque, pese a malévolas interpretaciones y sesgadas manipulaciones, la trayectoria del periodismo ecuatoriano demuestra paladinamente su compromiso con el país, su fe en las libertades y su convicción del respeto irrestricto a la democracia.
Pero se hace también indispensable la urgente, si no emergente búsqueda de devolver al país esa seguridad que se ha ido perdiendo ante la infame aparición de nuevas formas de violencia y muerte como la del sicariato. Ciudadanos y autoridades tienen la palabra.

 

Jacinto Salas Morales

salasjacinto@yahoo.com