La medicina ancestral, tradición viva en Otavalo

Otavalo. Rosa Espinosa tiene un dolor en su rodilla que no aguanta.

No sabe qué le originó la dolencia. Ella prefiere ser atendida bajo la cosmovisión andina. Es una de las pacientes que llegaron el viernes último al Jambi Huasi para hacerse atender.

Tradición viva. Los pueblos kichwas aún conservan la atención de la medicina ancestral. Los conocimientos adquiridos se transmiten de generación en generación, lo que ha permitido que perdure en el tiempo.

Jambi Huasi es una expresión de origen kichwa; jambi significa ‘curación’ y huasi, ‘casa’.

Tras unos minutos y una sesión de masajes de María Juana Perugachi, doña Rosa se siente mejor y asegura que está aliviada de su dolor.

“Nosotros nos enfocamos en el área técnica de lo que es medicina ancestral y occidental”, explica José Fari-nango, director del servicio de salud. Este lugar se creó para atender a la población indígena, con la finalidad de respetar su cultura y cosmovisión; además de fortalecer lengua materna, según explicó Farinango, el objetivo es rescatar y reva-lorizar las prácticas de la curación tradicional.

Servicio. Atenciones de parto, curaciones de espantos, mal aire, dolores lumbares, son algunos de los problemas que tratan mujeres kichwas y mestizas que llegan al lugar. A esto se suma la atención de los doctores en la medicina occidental.

Los Jakuk o fregadores, son los encargados eliminar las lesiones, torceduras y desgarros. Mientas los yachak o sabios, curan a través de las plantas medicinales. El servicio se completa con el Kuy Fichak, diagnóstico en cuy, que reconoce las enfermedades a través del animal.

“Mi abuelo, mi madre y mi padre conocían esta medicina. Yo nací en la casa con una partera al igual que mis hijos y nieto”, comenta Al-fredo Cachiguango, quien reconoce la efectividad de la medicina andina.

Panorama. Aunque la mayoría de personas relacionan la ancestralidad con el pasado o lo antiguo, en los pueblos indígenas tiene o-tro significado.

“La globalización y la aparición de la medicina occidental fue dejando de lado estos saberes que los ancestros mantenían. Esto no se perderá, va a seguir pasando de generación en generación”, vaticina Alfredo Morales, conocedor de las costumbres andinas.

Otavalo por ser la capital intercultural del Ecuador, tiene ese aditamento especial en los conocimientos andinos. Estos saberes ancestrales se centran en la Pachamama, a la que consideran generadora de la salud física, espiritual, mental y emocional, así lo reconoce Javier Perugachi un sabio del lugar. Él, es oriundo de la comunidad de Panecillo de la parroquia de San José de Quichinche donde conoció del oficio hace más de 40 años.

Legado. Sus conocimientos los aprendió de su abuelo y de su amigo Abraham Calazacon, un sabio tsáchila que le inculcó los tips de la medicina andina. Su trabajo lo hace con plantas y se relaciona con las malas e-nergías o el ‘mal de calle’. Para esto, se debe detectar la enfermedad que padece la persona. El diagnóstico lo hace mediante la orina, para luego dar el tratamiento respectivo.

Palabras. “Muchos vienen después de haber sido tratado por los médicos y buscan en nosotros una medicina alternativa que les cure a base de productos naturales”, corrobora.

En su lugar de trabajo hay una gran variedad de plantas que se utilizan para las curaciones o limpias.

Plantas como la guayusa, ruda, bejuco, hierba de tétano, camomila y ortiga, son parte de los elementos que se utilizan dependiendo de la necesidad del paciente.