La magistral pluma del Gabo…

zulema obandoA pocos días del deceso de Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, considerado el mejor novelista del siglo XX, al igual que millones de lectores, también fui tocada por el alma de sus relatos tendidos en trozos de papel, desde las profundidades de Macondo, desde el yermo del Coronel, que “no tiene quien le escriba”, esperando pase su “mala hora” para vivir “El Amor en los tiempos de cólera”, acudiendo sin demora a “Los funerales de la Mamá Grande”, trascurrieron “Cien años de soledad” entre el río de piedras como huevos prehistóricos, el corredor de las begonias, el taller de los pescaditos de oro, el cuarto de las bacinillas y el niño con rabo de puerco.

Precisamente cuando tenía 16 años, leí “Cien años de Soledad” y sin entender toda la magnitud de su obra, asistí al descubrimiento del “realismo mágico”, mundos mágicamente reales narrados tan espléndidamente, que mi mente juvenil encajó perfectamente en cada frenética aventura… había entrado en el universo de la literatura sin retorno, años después su impecable trabajo había influenciado en mi carrera periodística, ratificando aquella frase de su invención: “El periodismo es el mejor oficio del mundo”.
Nacido en Aracataca-Colombia hace 87 años, su genialidad invadió el planeta, “Cien años de soledad” se tradujo a 35 idiomas desde su primera edición, vendiéndose  más de 30 millones de ejemplares. Decía que  “Los seres humanos no nacen precisamente  el día en que sus madres las alumbran, sino que la vida los obliga a parirse una y otra vez”, fue su sentencia, ya que  se concibió incesantemente en cada una de sus creaciones literarias y periodísticas. Aunque siendo muy joven se liberó de la religión,  paradójicamente abandonó este paraje un jueves santo pues advertía: “Me desconcierta tanto pensar que Dios existe, como que no existe”; durante su última morada, con vallenatos como música de fondo, las orugas mutaron en bellas mariposas amarillas, el cielo también se  vistió de ambamarino, como un amuleto  de augurio, los ángeles con “Ojos de perro azul” en medio del cálido y dulce “Olor de la guayaba” le recibieron como “Cuando era feliz e indocumentado”,  por toda la eternidad.

 

Zulema Obando
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