La lluvia volvió a mostrar su poderío

IBARRA. Todavía no me recuperó de la parálisis facial que me dio por la impresión que me causó la inundación del año año anterior, ahora la historia se repite, menciona Martha Cecilia Andrango, quien cuenta que el agua ingresó cerca de la media noche del sábado a su casa ubicada en el barrio Tanguarín que está dañada.

Afectados. En otro lugar, Enma Pomasqui junto a su esposo Edison Villareal y su hijo Excequiel, limpiaban el lodo que ingresó e inundó el patio, la sala y domitorio de la pequeña casa que hace cuatro años la construyó el Miduvi.
La ropa, zapatos y otras cosas pequeñas se mojaron, menciona mientras con una escoba retira el lodo del patio donde están algunas de sus pertenencias. La lluvia no paraba, cerca de la media noche se escuchó un ruido y cuando nos levantamos el agua y lodo ya ingresaron a los cuartos cuenta todavía impresionada.
Otros en cambio se apostaron sobre el puente amarillo y con asombro miraban la cantidad de piedras de gran tamaño que estaban en la quebrada y eran retiradas por una máquina del Gobierno Provincial.
Marcia Quilumbango, cuya casa se inundó, pedía con desesperación a los delegados de la Secretaría de Riesgos -que ayer en la mañana evaluaba los daños-, se construya cunetas y muros en su calle.Mantenimiento. El director de la Secretaría de Riesgos de Imbabura Jorge Terán mencionó que junto al prefecto Diego García desde la noche del sábado y madrugada del domingo recorrieron la zona afectada.
Dijo que existe un estudio para intervenir en 40 quebradillas que se ubican desde el cerro Imbabura hasta la ciudad. Con éstos se aspira conseguir un préstamo del Banco del Estado de cinco millones de dólares.
Diego García dispuso que la maquinaria trabaje en el encausamiento de la quebrada. Los técnicos desde ayer evalúan los daños para saber de que forma intervenir, dijo.
Cruz Carrillo, morador de Tanguarín dijo que para evitar estos desenlaces, el material pétreo que se acumula en la quebrada debe ser retirado de forma frecuente.
Una parte de la plantación de maíz de propiedad de Jorge Ramiro Durán quedó sepultada bajo piedras y lodo. Ayer en la mañana, junto  a sus hijas Daniela y Sofía, recogía las mazorcas en el lodo.“El año anterior ocurrió lo mismo, perdí el cultivo, tuve que alquilar en 300 dólares una maquinaria para que retire el material” lamentó. La construcción de los muros fue una mala inversión porque debían ser más anchos si querían que el agua no ingrese a los terrenos, dijeron los vecinos.