La libertad y el respeto

Lo que una nación que se considere democrática nunca debe perder es el legítimo derecho a la libertad. De ese respeto, que lógicamente debe partir del poder como ejemplo para ser copiado, se puede generar confianza, pero si ese principio se trastoca por intereses que pretenden desconocer el pensamiento y la voz del Otro, lo que se genera es miedo, temor, desconfianza y en el caso de la prensa, autocensura.

La agencia EFE señala que “la libertad de prensa está en problemas en seis países latinoamericanos (Cuba, Venezuela, México, Honduras, Paraguay y Ecuador), lo que supone el mayor número en la región desde 1989, según denunció el grupo independiente Freedom House en su último informe global”. Quizá esa preocupación trasciende más cuando se deslegitima el trabajo periodístico, que pese a sus fallas y errores, estamos convencidos que sí cumple un papel trascendente en el día a día de una nación. La libertad de prensa se convierte en una base importante que no se la debe soslayar si se quiere fortalecer la democracia. El país al estar en esas listas internacionales que nos desprestigian, pierde mucho, porque nos estigmatizan y nos vuelve desconfiables ante la faz del mundo. En la libertad está la fuerza para construir un país más grande.