La juventud acumulada

En todos los tiempos, una de las preocupaciones más grandes de los seres humanos ha sido el invencible paso del tiempo, el avance incuestionable de la edad, el envejecimiento de la piel, el aparecimiento de las canas, los cambios del cuerpo, y la pérdida de energía. No obstante, a pesar de los grandes avances científicos y tecnológicos, nadie ha podido encontrar una fórmula que pueda detener el tiempo, contrarrestar la edad o conservar la juventud. En algunos casos, los cosméticos, productos naturales, cirugías estéticas y ejercicio físico cambian momentáneamente la apariencia física haciendo lucir más joven, pero en otros casos, estos rituales de vanidad generan efectos secundarios, que hasta han sido letales para la salud. En éste contexto es importante diferenciar entre ser joven o viejo, sentirse joven o viejo, estar joven o viejo; puesto que en cada mente, corazón, espíritu u acción está el situarse en la edad que se quiere vivir en un determinado tiempo y espacio. De igual manera, en el entorno popular se afirma que todas las personas tenemos tres edades: la primera es la que se aparenta tener por el aspecto físico, la segunda es la que se dice tener por el qué dirán los demás, y la tercera es la que verdaderamente se tiene de acuerdo al documento de identidad. Consecuentemente, no debemos preocuparnos por las cosas triviales del pasar de los años, sino ocuparnos de lo importante que es la juventud que se va acumulando en cada cumpleaños para ser más grandes y mejores cada día.