La humildad es lo primero

El presidente reelecto del Ecuador con el 56% de los votos consolidó su liderazgo y reforzó la tendencia de la llamada “revolución ciudadana”. Eso está por demás claro, así como está claro que su imagen y su discurso “arrastró” a varios de los ganadores que el pueblo en su mayoría no los conocía.

Sin embargo, los triunfalistas están por todos lados. Muchos ahora hablan de su admiración y la entrega de su voto por el presidente reelecto, muchos se van vistiendo de “verde” y se suben a la camioneta ganadora. Ciertos ganadores ahora aparecen como “más papistas que el papa”. Cuidado, porque no todo lo que brilla es oro y sería bueno tomar en cuenta lo que representó el voto en plancha y lo que representó la votación personal. Hay casos en donde ciertos personajes pierden en sus jurisdicciones y la votación fue para otros candidatos que no son precisamente de esas localidades. Eso debe tomarse en cuenta, porque algo pasa. Es como si en plena elección barrial, viene un personaje de otro sector y obtiene mayor apoyo. El exceso de triunfalismo es malo porque se crean fantasmas que con el pasar de los días, las semanas o los años ese mismo pueblo se encarga de exigir cuentas y es posible que los resultados de hoy no sean los mismos de mañana.