La estimulación temprana es importante desde los primeros meses de vida

estimulacionIBARRA. ¿Sabía usted que cuando baña a un recién nacido puede ayudarle a trabajar su motricidad? Muchos padres y madres desconocen de la importancia de estimular este aspecto en sus hijos o hijas.

Con pequeños ejercicios realizados por la madre -o por quien esté a cargo de esta responsabilidad- a la hora del aseo, el bebé puede mover su cuello, brazos, manos, dedos y así tener un desarrollo psicomotriz desde sus primeros días de nacido.
La motricidad se refiere a la capacidad de controlar los movimientos del cuerpo. La motricidad se relaciona con todos los movimientos que de manera coordinada y voluntaria realiza el niño con pequeños y grandes grupos de músculos.
Estos movimientos constituyen la base para adquirir el desarrollo de las áreas cognitivas y del lenguaje.
Isabel Arciniega, directora y docente de niños de Inicial Dos del Centro Infantil TACI, explica que cuando se trabaja la psicomotricidad se estimulan los hemisferios del cerebro.
Al nacer un niño sus movimientos son involuntarios e inconscientes.
A medida que van creciendo van volviéndose movimientos intencionados, pero con muy poca coordinación hasta que ya son completamente capaces de coordinar y dirigir todos los movimientos.
“En la edad de 0 a 2 años los niños son como un vehículo que va a mil por hora. Un niño debe recibir estimulación desde el vientre, ya sea con música o cuentos. La madre debe leer mucho para que el cerebro de su hijo se desarrolle”.
Una de las primeras manifestaciones de la motricidad es el juego, que poco a poco se va haciendo más complejo con los estímulos y experiencias, lo que hace que los movimientos cada vez sean más coordinados.
Los niños desarrollan dos tipos de motricidad a la vez: la fina y la gruesa. El ritmo de evolución varía de un niño a otro. Una niña de 11 meses de edad, puede tener un agarre de pinza mejor a la de un niño de 4 años. Cada individuo lleva su propio ritmo y su desarrollo.
El agarre en forma de pinza o pinza digital se forma cogiendo objetos más pequeños entre el dedo pulgar y el índice.
Que el niño aprenda a coger las cosas con dos dedos en lugar de con la mano entera como hacía antes puede parecer un hecho insignificante, pero en realidad representa un avance fundamental en el desarrollo psicomotriz del niño. A partir de este pequeño gran logro en su motricidad fina se abre ante el pequeño todo un mundo de posibilidades por explorar que influye positivamente en su aprendizaje.
Es curioso que esta nueva forma de agarrar los objetos coincide en la etapa de desarrollo en la que el bebé el capaz de comer llevándose por sí mismo la comida a la boca.
El agarre de pinza marca un hito en el desarrollo psicomotriz del niño. A partir de que comienza a coger los objetos de una forma más precisa se abre ante él un mundo por posibilidades por descubrir, explorar, tocar. Acciones que están relacionadas con el encadenamiento entre causa y efecto y con una comprensión cada vez más compleja y completa del mundo que le rodea.

GATEAR ANTES DE ANDAR
Hay familias que inducen a sus bebés a caminar de forma precóz, lo que indica que los pequeños no pueden pasar por la etapa natural del gateo.
Los expertos indican que el 95% de los bebés que no gatean tienen problemas de pie plano, ya que son invitados a caminar antes de tiempo por parte de sus familiares, cuando lo normal es que entre los 9 y 11 meses el niño comience a gatear y luego a caminar a su propio tiempo personal.
El gateo ayuda a que desarrollen sus articulaciones y músculos, sobre todo las rodillas, al comenzar a andar sin ese ejercicio previo convierte el proceso en algo más doloroso.
“Muchas veces los padres creen que su niño es ‘superdotado’ por que no gateó y caminó a edad tempana. Al trabajar el gateo no solo se desarrolla el cerebro, también aprenden a coordinar los movimientos de sus extremidades superiores (brazos) y de las inferiores (piernas). El movimiento en el gateo es: pierna derecha y brazo izquierdo; pierna izquierda y brazo derecho”, explicó Isabel Arciniega, al tiempo que recomendó a los padres acostumbrar a sus hijos a dormir boca abajo para que pierdan el miedo a la posición de gateo. “Cuando un niño duerme posición boca abajo, al despertar va a apoyar su cuerpo en sus brazos. Así, cuando sea momento de gatear, adoptará la posición con mayor familiaridad. Los niños que duermen boca arriba tienen dificultades y temor”.
El gateo también conecta los hemisferios cerebrales y crea rutas de información cruciales para la maduración de las diferentes funciones cognitivas. Éste es un estupendo ejercicio muscular para los ojos y es tal su importancia que, según estudios de optómetras, el 98% de los niños con estrabismo no gatearon lo suficiente de pequeños.
Mediante el gateo se va desarrollando la coordinación cerebral ojo-mano.
Cuando el niño gatea se establece entre ambos una distancia similar a la que más adelante habrá entre ojo y mano a la hora de leer y escribir.