La esperanza de Asia Noreen

En julio de 2009 la campesina pakistaní Asia Noreen Bibi se hallaba trabajando en labores agrícolas en el campo junto a sus compañeras de tarea. Cuando acudió a la fuente común a buscar agua para ella y su grupo, otras mujeres la recriminaron por contaminar el agua –eso le dijeron–, por ser ella cristiana y no musulmana.

El hecho es que la discusión tomó un cariz religioso y, durante el incidente, Asia habría dicho que “Cristo murió en la cruz por los pecados de la humanidad”, subrayando que “Mahoma, el profeta del Islam, no habría hecho nada por ellas”. Esto fue denunciado al imán de la localidad y después el caso llegó ante un juez que aplicó la ley de la blasfemia y condenó a muerte a Asia Noreen.

De hecho Asia ha estado en el callejón de ejecución durante nueve años. Dos autoridades que manifestaron simpatía por ella y se mostraron contrarios a esa ley fueron asesinadas. Tal vez por haber sido un caso mediatizado a nivel global se habría demorado la ejecución de Asia. El 31 de octubre pasado El Tribunal Supremo de Pakistán la absolvió y anuló su sentencia. Desde entonces, han circulado furiosas amenazas contra los involucrados en su liberación, contra ella y sus familiares.

¿Es concebible que las sociedades del siglo XXI –era moderna y progresista– ostenten aún tanta intolerancia?

¿No es la religión aquella parte de la cultura personal que debe ser respetada por los demás?