La docente Ana María Ibujés retornó a las aulas tras accidente de la San Gabriel

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Ibarra
.- Ana María Ibujés no pierde su sonrisa y jovialidad. Hace ocho meses su vida cambió drásticamente. Ella es una de las sobrevivientes al accidente de la cooperativa San Gabriel.

El bus 10 en la que se movilizaba perdió pista y se volcó. Producto de esto su médula se destrozó. “Tengo una lesión en la columna y no voy a volver a caminar”, dice con la tranquilidad del caso. A pesar de la premonición ella sabe que su recuperación es lenta y que sí existe una mínima posibilidad para caminar.

De regreso a las aulas. El miércoles 2 de mayo, fue el día más feliz en los últimos ocho meses. Su regreso a las aulas como docente la tiene motivada. La sonrisa de los niños; el afecto de los padres de familia; el apoyo de los docentes y directivos de la unidad educativa Víctor Manuel Guzmán, es el envión anímico que la esfuerza a seguir adelante. “¿La verdad?, ya me hacía falta. Lo más gratificante es estar con los niños. Ellos son sinceros, cariñosos y espontáneos”, explica con una sonrisa radiante.

Hablar de educación le apasiona. Desde hace 18 años es parte del magisterio. Toda su carrera como docente la realizó en la escuela Gonzalo Pizarro de la parroquia Fernández Salvador en el cantón Montúfar. Tras el accidente le tocó mudarse a la capital imbabureña. “Esta ciudad es linda. Me gusta la Loma de Guayabillas donde voy los fines de semana y el parque Ciudad Blanca”, comenta.

Presente. Pero no todo es color de rosas. Ana María sigue esperando la indemnización que la empresa de buses debe pagarle por el accidente. Ella recibirá 15 mil dólares, pues de los 42 sobrevivientes en el accidente, es la única que presenta daños irreversibles.

La ayuda que se ofreció de las instituciones públicas y de la Gobernación de Imbabura tampoco llega. “Estamos esperando que la cooperativa nos pague pronto. Los gastos que tengo son enormes y necesitamos”, dijo. A pesar de la difícil situación económica, su sonrisa y amabilidad no la amilanan. Ana María es un símbolo de esperanza, persistencia y perdón. Los dos primeros adjetivos no son por casualidad. Sus ganas de salir adelante y constancia la convirtieron en un ejemplo de vida.