La dictadura perdura

Todos vivimos la ficción de la democracia; engañados de que ésta realmente existe, y si existe, el mundo en que vivimos sería realmente libre, pues a groso modo, si hay democracia, cada cual es libre de elegir… Pero lo que vivimos en realidad es una sociedad en la que el poder absoluto lo tienen quienes administran el modo de producción capitalista, son ellos quienes tienen el poder económico y por ende, todos los poderes subordinados que lo justifican y sustentan: desde el poder político electoral y no electoral, hasta el poder ideológico, que es el pivote del sistema democrático burgués, pues en él estriba la fabricación de los mitos que hacen creer a la gente que los buenos son malos, que lo blanco es negro, que las cadenas y barrotes nos liberan, que las mentiras son verdades, que los explotadores del pueblo son sus salvadores y que la miseria de éstos es un castigo divino que solo podrá ser redimido en la otra vida. Así, esta democracia, que es realmente la dictadura perpetua de las clases e imperios dominantes, se muestra como un “paraíso” que existe gracias a que todos lo elegimos y no que nos es impuesto mediante la fuerza de los ejércitos, cuando deja de funcionar la fuerza ideológica de los medios de ideologización. Si políticamente la democracia es un límpido tablero de ajedrez en el que juegan en iguales condiciones todas las clases sociales, inclusive el proletariado, sociológicamente la democracia no es sino el más bellaco eufemismo de la dictadura perpetua.