La confianza, un valor irrecuperable

Sin lugar a dudas, los diferentes estilos de vida en un mundo competitivo y en constante cambio están obligando a construir una sociedad cada vez más deshumanizada y poco grata; ya que las relaciones interpersonales se están tornando interesadas, materialistas, calculadoras, y falsas. El valor de la confianza no por naturaleza propia sino por el “costes – beneficio,” o “causa – efecto,” está siendo vivenciado sin reparo alguno ni tomar en cuenta sus consecuencias.

Desafortunadamente, esto ha hecho que la desconfianza y la falta de credibilidad se acentúen con las personas que están a nuestro alrededor, sea de ida y vuelta; puesto que las mujeres ya no confían en sus esposos ni los esposos en sus mujeres, los empleados ya no confían en sus jefes ni los jefes en sus empleados, el pueblo ya no confía en sus gobernantes ni los gobernantes en su pueblo. La confianza es el valor de los valores que a través del buen comportamiento de la otra persona y el tiempo se la va ganando; por lo que jamás podrá ser negociable ni recuperada por un juramento de amor ni por un documento firmado, ni por un compromiso de cambio ni por la última oportunidad, ni por algo material ni por un mandato. Si la persona falló, defraudó, mintió y engañó una vez, perdió la confianza de la otra persona y por más que haga lo que haga ya nada será igual, siempre estará presente la duda y la intranquilidad de que esa persona vuelva a fallar otra vez.