La “carita de Dios”

zulema obandoLa ciudad de Quito, capital de los ecuatorianos, el 6 de diciembre celebró 478 años de fundación española. Ostenta la declaratoria  de Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1978.

El centro histórico donde se yerguen más de 20 joyas arquitectónicas coloniales, es considerado como el más grande y mejor conservado de América Latina. Cuenta con 130 edificaciones monumentales de arte pictórico y escultórico, principalmente de carácter religioso y cinco mil inmuebles registrados en el inventario municipal de bienes patrimoniales, manteniendo esa atmósfera de antaño que sus habitantes han sabido conservar. Contrasta con el Quito moderno, una ciudad cosmopolita de gran diversidad cultural y comercial, donde se concentra la actividad financiera con los principales edificios de oficinas. Quienes tuvimos la oportunidad de vivir la década de los ochenta y noventa, por estudio o trabajo, formamos  un Imbabura y Carchi chiquito que se asentó en la parte baja del barrio tradicional de San Juan y también hacia el barrio Miraflores. Recordamos con nostalgia las fiestas de Quito, pues nunca como aquellas, al fragor de máximo tres canelazos para aplacar el frío y al ritmo de orquestas y bandas de pueblo en vivo, nos  tomábamos  las calles donde todos eran amigos, vecinos y conocidos, cada barrio de la ciudad organizaba diferentes actividades como campeonatos deportivos, campeonatos de “40”, etc. El 5 de diciembre la ciudad se paralizaba producto del despliegue de algarabía, color, alegría incontenible y fiesta total. También se efectuaban conciertos al aire libre de diverso tipo de música, con muchos artistas locales e internacionales, bailes generales callejeros, desfiles de varias expresiones culturales locales y ferias gastronómicas para todos los bolsillos y paladares. Apodada “La Carita de Dios” por ser la ciudad del planeta más cercana al sol, al pie del Pichincha, por su arquitectura monumental sobresaliente, sus tesoros artísticos y barrios tradicionales con callejuelas estrechas, pero sobretodo por su gente generosa y cálida que recogió en su regazo a  un puñado de jóvenes con ilusiones donde vivieron los mejores años de sus vidas. 

 

Zulema Obando H.

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