Ibarra. Una casa patrimonial que todavía conserva sus atributos del siglo pasado y una capilla sencilla construida con el aporte del vecindario podrían ser los dos puntos de referencia sobre los cuales se extiende la calle José Domingo Al-buja, conocida por los transeúntes como “la calle angosta” o “la del Alpargate”.

Años atrás han sido diferentes los proyectos de emprendimiento turístico para destacar este camino y su vecindario que lleva el mismo nombre, sin embargo, es necesario un mayor empoderamiento. Así lo comenta Santiago Garzón, ingeniero en turismo.

Espacio cultural. Tomando como ejemplo la calle Juan de Dios Morales, en el sector conocido como la Ronda en Quito, se pensó en que la vía podía usarse para presentar danza, teatro, música y que quienes asistan a estos eventos tengan un espacio para servirse un café, o disfrutar de las comidas típicas de la zona norte del país.

Garzón es uno de los principales mentores de esta idea, pues su tesis de grado fue una investigación histórica del sector, pero su visión, como él mismo lo subraya, es integrar a sus propios habitantes en estos emprendimientos.

Por el momento existen agencias de turismo que hacen recorridos. En la “calle angosta” se han realizado eventos con el apoyo de las universidades e instituciones públicas en las que él ha sido un colaborador pero insiste en que quienes participan muchas veces no viven en el barrio. Su mayor deseo es que “la historia de la José Domingo Albuja la cuenten sus propios habitantes”.

Memorias. Madgalena Ramírez recuerda como era el barrio antes de que existiera la avenida El Retorno.

La gente se reunía el 3 de mayo para celebrar las fiestas del barrio, en julio para la misa del Divino Niño, y en septiembre para honrar a la Virgen de Fátima. Estas dos últimas actividades aún continúan.

Motivados por la fe católica, un grupo de 30 jóvenes creó el Comité ProCapilla Reina de Fátima y con el trabajo de los mismos habitantes y el aporte del Gobierno Provincial, en ese entonces administrado por don Luis Mejía Montesdeoca, levantó lo que ahora es su capilla. Orgullosa, doña Enma Prado nos abrió las puertas de la capilla para contar sus anécdotas. Ella es la encargada de mantener limpio el pequeño templo y poner flores a las imágenes religiosas.

Su mayor alegría son los cuadros del viacrucis traídos desde Bogotá gracias a una donación.

Aída Tito es otra de las vecinas que comparte sus remembranzas. Ella vive 47 años en esta calle y la recuerda estrecha y empedrada y el espacio en donde funciona actualmente el Centro de Capacitación Municipal (Cecami) lleno de árboles.

Para llegar a esta vía es necesario ubicarse en la esquina de la Cruz Verde y caminar unos metros por donde termina la avenida Teodoro Gómez. Allí una vivienda con balcón le indica que debe iniciar su recorrido. Son casi 500 metros en donde se puede encontrar tiendas, una cancha deportiva, un liceo y la capilla.

A paso normal se tarda 6 minutos en recorrerla y se encuentra de todo, hasta servicio de terapia para curar el estrés. La leyenda que dio a conocer al barrio cuenta que hace muchos años atrás, un indígena que tenía un gusto especial por el licor iba todas las madrugadas hasta el mercado para adquirir carne de primera y comercializarla; siempre con unos tragos encima.

Un día un fantasma lo sorprendió en su trayecto. El hombre asustado dejó caer su sombrero y olvidó el alpargate. De inmediato, fue a la casa de su novia a contarle lo sucedido y decidieron regresar al lugar para buscar las prendas pero no encontraron ni el sombrero, ni el alpargate, sino en su lugar, una piedra con la huella de la pisada del extraviado alpargate. ¡Qué buen susto, ¿verdad?!

La vía en las mañanas no es muy transitada pero hay autos que circulan a velocidad y es un riesgo.
Los vecinos construyeron esta capilla que ya tiene aproximadamente 30 años. Hay versiones distintas sobre la fecha exacta.
Los vecinos se toman la vía durante las jornadas culturales. Se pretende hacer estos eventos sin cerrar definitivamente el tránsito.