La apuesta por la palabra

Los moradores de este mundo global necesitan de otros lenguajes más directos al corazón, de otras palabras más auténticas, que muevan y promuevan el caminar unidos, hasta donarse y poder salir de uno mismo para verse en los demás, para buscar el bien de todos y encontrar la realización de la persona, su crecimiento en esa realidad que a todos nos afecta, máxime en un momento de grandes transformaciones, en el que las acciones han de ser encaminadas a la construcción de un nuevo equilibrio mundial. Por eso, es importante que las políticas nos alienten hacia un proceso integrador de la especie, pues todos merecemos una promoción humana digna, para reconocernos parte del eslabón de la historia, donde nadie es más que nadie, y todos somos necesarios e imprescindibles. De ahí, la grandeza de una educación que enseñe a pensar críticamente, que no adoctrine en intereses, sino que ofrezca un camino de maduración en valores. Además, con la globalización tenemos una fuente de enorme riqueza, pues esa diversidad social y cultural también nos enriquece en el plano humano y estabiliza en nuestros pensamientos, que naturalmente han de confluir en ese ancestral principio de desarrollo integral en armonía y quietud siempre con la Madre Tierra. Todo hay que acompasarlo, también nuestros propios pasos, sin perder el equilibrio jamás entre deberes y derechos. El mundo no ha sido creado para ser una selva, sino para embellecerlo y embellecernos con sus atmósferas.