La alimentación es una de las falencias de la cárcel

Ibarra. Cansados de la mala alimentación y las irregularidades que se viven en el Centro de Rehabilitación Social de Varones de Ibarra, un grupo de internos y una persona que labora en el sitio como guía de control penitenciario, denunciaron varios hechos que podrían en riesgo la salud y la verdadera rehabilitación en el lugar que alberga a aproximadamente 699 internos.

La principal queja de las personas privadas de la libertad, PPL, es la pésima alimentación que reciben, a pesar de que el Gobierno Nacional destina 2,50 dólares diarios para las tres comidas de cada interno.

Otra de las denuncias es que en los diferentes decomisos les quitan dinero (que es prohibido dentro de los sitios de rehabilitación social), sin embargo estas acciones de seguridad no se dan a conocer a las autoridades competentes, ni se entregan los rubros para que sean judicializados.

Testimonio. “En algunas ocasiones en el CRS hemos decomisado dinero a las personas privadas de su libertad PPL, y la directora (en ese tiempo Margarita Arotingo, que dejó el cargo hace un poco más de un mes) no llama a flagrancia sino que se queda en ‘caja chica’, pero nadie sabe en qué gastan ese dinero”, es una de las denuncias de parte de un guía de control penitenciario.

Bajo el mismo contexto, un interno aseguró que les quitan el dinero, pero que jamás se entrega a las autoridades. “Aquí en la cárcel de Ibarra nos hacen muchas requisas, a la hora que ellos quieren de la madrugada, sin una autorización. Entran a nuestros ‘cambuches’ se nos llevan el dinero y los celulares y eso nunca dan conocimiento a la Fiscalía; yo no se que hacen con ese dinero, creo que ellos mismo se ‘tragan, se toman y se fuman’. Quisiera que se ponga orden, aquí es una masacre, la venta de droga es a ‘full’ y viene de parte de ellos mismo (en referencia a los guías)”, dijo un PPL.

Con respecto a este tema, Marcelo Merino, actual director del centro, mencionó que no puede dar declaraciones, ya que no se encuentra autorizado para brindar entrevistas.

Mala alimentación. Otro de los secretos a voces que se viven en el centro es la mala alimentación. Hace siete años el Estado ecuatoriano suscribió un contrato con Lafattoria S.A., a quién les pagan 2,50 dólares diarios por cada uno de los 38 000 PPL que existen en el país.

Al momento se está realizando, a nivel nacional, una auditoría para comprobar la calidad y cantidad de las tres raciones diarias que deben entregarse a cada PPL, ya que los reclamos han llegado de todo el país.

La situación de Ibarra se repite en varios centros penitenciarios del Ecuador, porque en el contrato establecen un menú, que debe ser supervisado, sin embargo los internos aseguran que no se cumple con dicho reglamento. Por ejemplo, en el contrato refieren que en el desayuno deben recibir de 200 a 250 ml de colada, avena, jugo, café o chocolate; un pan; huevo, queso, mermelada, mantequilla o mortadela y una porción de fruta, al menos una vez por semana; sin embargo los PPL aseguran que todos los días reciben solo un vaso de colada con pan en las mañanas. En el almuerzo y la merienda, tampoco se estaría cumpliendo.

Declaraciones. “Los cocineros cogen lo mejor y ellos nos reparten y nos dan la comida mala, que nos hace daño. Aquí se quiere reclamar y nos meten palo”. “Nos dan una comida que parece que fuera para perros. Hacen con agua y papas crudas, porque se les reclama nos maltratan y pegan como que fuéramos animales”.

“La comida es tres cucharas de arroz y una papa, la sopa parece agua, tiene moscos y pelos, no hay aseo y eso también es por extorsión de los guías, quisiera que nos ayuden para ver como puede cambiar esto”, son algunas de las aseveraciones de los PPL en Ibarra.

Contraparte. Amanda Méndez, coordinadora zonal 1 del Ministerio de Justicia, Derechos Huma-nos y Cultos, mencionó que ella está siempre pendiente en el tema de la alimentación. “Hay un menú que presentan todas las semanas y hay una persona responsable y se realiza el control para ver si lo que está en el menú se está cocinando”, aseguró.