La adicción al celular

Es increíble pero cierto. Si bien la tecnología nos permite utilizar aparatos para “unirnos” al instante, paradojicamente también ha servido para separarnos. Hoy vemos que la adicción al celular, conocida como nomofobia, se encuentra al mismo nivel que la dependencia sin control al sexo, al juego, a la droga o a comprar. Hoy vemos en las calles, plazas, centros comerciales, en los velorios, fiestas, reuniones familiares y no se diga en encuentros profesionales y empresariales que las personas tienen una de sus manos ocupadas con un celular, sino son las dos. Están ensimismados, alejados del mundo que los rodea, incluso, aunque parezca extraño, en una cita entre dos, se observa a una -sino a las dos personas- más atentas al celular que a la conversación en sí. Según los estudiosos, el problema no es la actividad en sí misma, pues ésta puede ser positiva. Las consecuencias vienen cuando hay una relación excesiva y descontrolada con el aparato. Se puede sufrir de trastornos como depresión y ansiedad. Es evidente y obviamente preocupante que los jóvenes son quienes usan el teléfono de manera excesiva y un alto porcentaje tiene una relación tan intensa con el aparato que puede considerarse una patología. Ningún extremo es bueno, pero como se ve, la nomofobia también ya está peligrosamente entre nosotros.