Jefferson y la política

Se acerca la hora para una decisión importante. Es tan importante que los enfoques políticos y periodísticos se han  contrapuesto a lo que el ciudadano, la gente común quiere conocer.

Hoy mismo estamos ante otra descalificación, la misma que se califica como represalia y que  se origina por las intervenciones públicas del marchista Jefferson Pérez, quien nos ha dado la satisfacción de saber lo importante que significa la consecución de una medalla olímpica.

Hoy Jefferson Pérez está en el ojo de la tormenta y afronta lo que él ha calificado como una “sinverguencería” y una persecución que raya en el ilógico concepto de desconocer lo que el deportista cuencano ha hecho en favor del país. Que la política no nos ciegue. Que el apasionamiento no raye en la censura para quienes piensan diferente. Que la defensa legítima de una libertad para expresarse no convoque a todo un aparataje de investigación que revele ciertas costuras que tranquilamente pueden solucionarse en el campo civil. ¿A qué viene esto?, a que el autoritarismo muchas veces raya en los excesos y en las burdas maneras de impedir o tratar de poner trabas al pensamiento. Estamos en un país libre en donde el ciudadano común no debe ser mancillado en su honra por discrepar. Lastimosamente estamos entrando en el pozo profundo del irrespeto, la deslegitimación, las críticas absurdas, las maniobras para afectar a los contrarios y el desconocimiento de lo que significa el proceder ético en cada uno de nuestros actos. Es penoso, pero real