Jamás perdamos el entusiasmo (3)

Aunque los trastornos por depresión y por ansiedad son problemas habituales de salud mental que afectan cada día más a multitud de individuos, no podemos perder ese congénito frenesí de hacernos más llevaderos los días.

Tomémoslo como tarea colectiva. Puede que la desigualdad también sea el gran enemigo de la salud en el mundo, pero cuando la humanidad pone en acción el empeño por lo que es un deber conjunto de colaboración entre semejantes, nuestra vida mejora, y por ende, también la de aquellos que van a nuestro lado. A propósito, la Organización Mundial de la Salud acaba de indicar a los gobiernos que deben aumentar la inversión en la atención primaria, y junto a esto, hay que exteriorizar alegría, pero también es menester activar como punto de partida esa experiencia de amor verdadero que nos acerque y nos humanice. Indudablemente, hace tiempo que debimos entusiasmarnos en construir una renovada cultura del hermanamiento, respetuosa con toda vida, vivencial en formación y en poner en práctica una gran estrategia inclusiva.

La exclusión nos deshumaniza por completo. Ese espíritu humanístico, que personalmente tanto me afana desvela, no es prerrogativa única de algunos, ha de ser compromiso de todos. Impidamos más derrotas entre nosotros. Fuera guerras. Al destierro las armas y su bellaco negocio. Progrese la razón y actívese el entendimiento, de gozar al máximo, sin robar el bienestar de los demás.