Jair, ‘el agente de tránsito’ del barrio Santa Anita

Otavalo. Jair Bastidas llegó hace tres años a Otavalo, en busca de un nuevo trabajo que le permitiera ganar lo suficiente para enviarle lo necesario a su familia que dejó en su país, Venezuela.

Un chaleco de colores fosforescentes similar al de un agente civil de tránsito, es el uniforme diario que usa este emprendedor para ubicarse justo en una curva peligrosa.

Además del chaleco, también tiene en su mano una señalética de ‘stop’, que la utiliza para mostrar a los choferes de los vehículos mientras otros están bajando o subiendo por este sector.

Lo único que le hace falta a él, es el pito del agente y un sueldo fijo, a pesar de eso, le gusta lo que hace y se ha ganado la confianza de los vecinos.

Importancia. Mientras nos acercamos a donde Jair, él se ocupa ayudando a una persona mayor a cruzar la calle.

Dejó su país por la crisis económica y política que se está viviendo desde hace más de cuatro años.

A este lugar llegó gracias a los vecinos que le solicitaron la ayuda, ya que anteriormente trabajaba en el mercado pero el suelo no le alcanzaba.

Se ubicó en este sector durante una semana de prueba, y desde ahí no ha dejado este trabajo donde él mismo es su propio jefe.

Ya son seis meses que Jair viene haciendo esta actividad. Aquí llega a las 07:00 y se va a su casa a las 19:00, no tiene un horario fijo para almorzar, pero a veces lo hace y otras veces lleva algo para picar en su mochila.

A diario se hace entre 10 a 12 dólares por colaboración de los ciudadanos, en su mayoría de taxistas.

Jair dice que tiene que cumplir con el dinero cada semana y enviarle a su única hija que está en Venezuela con su esposa.

En sus planes todavía no está regresar a su país porque aseguró que la situación sigue compleja y cada día se agrava más.

Para tener un día libre., El único día que se da un descanso y se aparta de esta actividad diaria, es el domingo.

Jair comentó también que al principio fue muy difícil quedarse donde está ahora, “por la situación de los venezolanos que todos ya conocen, es algo muy vulnerable, la mayoría viene a delinquir a hacer cosas malas. Gracias a Dios los vecinos a mí me conocen que soy una persona sin vicios y honorable, así me los he ganado y se mantiene el respeto”.

El chaleco que usa para identificarse fue un obsequio que le hizo la misma agencia de tránsito de Otavalo. “ellos me dijeron que me ponga esto para que llame más la atención”.