J. Manuel Yépez, el pionero de la industria ibarreña

Ibarra. Al ubicarnos en el tiempo y circunstancias, en el inicio del siglo pasado, Ibarra era una pequeña ciudad, provinciana, coloquial, familiar, en que las principales actividades de sus hijos se limitaban a la explotación agrícola y a un incipiente comercio.

Esta apacible quietud fue auscultada por la ágil visión y anhelo de progreso para sacar al pueblo de su estancamiento tradicional de ese entonces, por el señor José Manuel Yépez Montesdeoca, valioso personaje nacido en Ibarra en el año de 1833.

El primer vehículo. A comienzos del primer cuarto de siglo, no existía en Ibarra, la fuerza motorizada o los vehículos de tracción a motor, la luz eléctrica, ni tampoco se conocían nuevos procedimientos para producir riqueza y dar trabajo a sus conciudadanos.

En el año 1951, o sea hace ya más de un siglo, desafiando las precarias y difíciles condiciones geográficas de la época, al no existir ninguna vía carrozable y tan solo caminos de herradura, trajo desde la ciudad de Quito hasta Otavalo, las piezas de lo que sería el primer carro o automóvil. Allí las hizo armar y emprendió un largo camino hacia Ibarra, a donde hizo su entrada triunfal ante el asombro y curiosidad de sus sorprendidos habitantes, quienes, por primera vez, miraron una máquina de ese tipo, recorrer las silenciosas calles ibarreñas.

El primer foco y el cine. Luego trajo un vehículo tipo bus o colectivo con lo que se estableció el primer servicio urbano de pasajeros de esta ciudad hasta Caranqui. Posteriormente amplió el servicio y puso una agencia de automóviles y de autocamiones que prestaban el servicio de pasajeros hasta la provincia de Pichincha.

Otra novedad de inusitado interés fue la primera instalación eléctrica que dio origen al encendido del primer foco en la ciudad, ya que el alumbrado público en aquel tiempo se realizaba con faroles y lámparas de kerosene. Este acontecimiento resultó grandioso por cuanto se logró instalar el primer proyector de cine, que él mismo lo trajo y lo instaló en el hotel de su propiedad que llevaba el nombre de “El Panamericano”. Hubo gran concurrencia de personas para mirar por primera vez una película.

Las famosas “granadinas”. Creó además la primera fábrica de aguas gaseosas que las denominó “Las granadinas”. Luego estableció la primera fábrica de cervezas cuyo nombre era “Champion”.

El destino turístico de la ciudad y la provincia no escapó de su mente visionaria y emprendedora, al haber instalado el primer hotel denominado “El Panamericano” que contaba con esmerado servicio e incluso, una sala destinada para el patinaje.

Otra novedad para la época y para los que les gustaba surcar las tranquilas aguas del lago Yahuarcocha, en embarcaciones primitivas y peligrosas fueron las primeras lanchas a motor que el mismo las trajo e instaló.

Luego en un lugar alejado de la ciudad instaló un sitio turístico que se le conocía con el nombre de “El campo y la ciudad”, que vino a constituirse en la primera hostería en la ciudad, a donde acudían las familias enteras a pasar los fines de semana disfrutando de esmerada y sana diversión que ofrecía el lugar.

“El Gloria” y más. Luego instaló la primera fábrica de licores llamada “El Gloria”, los mismos que con el tiempo fueron enviados y vendidos en Guayaquil por la magnifica calidad del producto.

Instaló también la primera fábrica de tejidos de lana, importando para la fábrica los equipos desde el exterior. Instaló las primeras incubadoras para la crianza de aves, dando inicio a la industria avícola. Además creó la primera fábrica de hacer pan cuyo producto se expendía muy bien, dada la gran aceptación popular. Su servicio se lo hacia diariamente y a domicilio.

Fue constructor y propietario de los primeros molinos para la industrialización de la harina ubicados en el lugar que se le conocía como “la bajada de los molinos”, hoy Avenida Carchi. Dentro de la actividad comercial, instaló almacenes, distribuidoras, consignaciones.

Un pionero. Por último, en su misma casa de habitación, ubicada en el barrio La Merced, don J. Manuel Yépez, como así se le conoció siempre, organizó, ya en los últimos días de su vida, la primera casa o agencia de cambios de moneda extranjera.

Estos fueron entre otros los principales emprendimientos de este singular e ilustre personaje ibarreño, quien se destacó por ser un hombre sencillo, afable, bondadoso, pero a la vez multifacético en el trabajo creador, pionero de la industria, el turismo, el comercio, auténtico propulsor del desarrollo de nuestra querida ciudad de Ibarra..

Tan importante fue la acción de este visionario ibarreño que las páginas de los impresos se referían a su trayectoria.
Este es un aviso publicitario de aquella época en el periódico “El Ferrocarril del Norte”. Su nombre aparece en el aviso.
La actividad de J. Manuel Yépez justificó que se convierta en un personaje de quilates en Ibarra.