Israel Castro y la Virgen de las Nieves

luis rivadeneira jativaLa Ciudad de San Gabriel, fue declarada por la UNESCO, el 11 de Noviembre de 1992, Patrimonio Nacional, gracias a la fachada colonial de sus construcciones. El cantón Montúfar ofrece maravillas turísticas. Ciudad de las siete colinas, antiguo asentamiento del pueblo Tusa, cuna de la Cultura Cuasmal.  Israel Castro, hombre humilde y trabajador, fue un personaje en San Gabriel. Se cree que nació en el sector del volcán Chiles, ubicado en la frontera de Ecuador y Colombia. 

Cuando pasaba junto a los bohemios les decía: “Cuando toquen la guitarra, no tocarán la primera, porque la guitarra tiene primera, segunda y tercera. Yo, con esto me retiro no más, mañana los veré también, si me quedo con ustedes mis patrones ya dirán: este tonto ya está loco. No ven que al pobre nadie le da, al pobre nadie le presta, y si alguna comida tengo, tacar cebada me cuesta”. Le apodaban “la borrega negra”. Darwin Rueda, directivo de la editorial que lleva su nombre, al contar la historia de la entidad cultural, explicó: “nos inspiramos en un hombre sencillo y que todo San Gabriel lo explotó, en las diferentes actividades del hogar y que por ese trabajo se ganaba el pan diario”. 

 

La tarea más dura la hacía él por un plato de comida y si algún dinero recibía, era para entregar a la iglesia para la Virgen de las Nieves. Vivió en las calles. Los niños eran sus amigos y los ríos le esperaban para que refresque su cuerpo. La historia de Israel Castro llama la atención de todos quienes escuchan lo que dicen las personas mayores sobre el hombre símbolo del trabajo, de una ciudad  reconocida por el Procerato del Trabajo. Se debe reconocer el papel del más humilde de los hombres, tacador de cebada, como ejemplo para las nuevas generaciones. Los pobres también hacen la historia de los pueblos y si a ellos se hiciera monumentos, en San Gabriel debería existir uno en su homenaje. Que la Virgen de las Nieves, Protectora de San Gabriel, guarde al más humilde de sus hijos: Israel Castro, porque todavía se siente su presencia en las calles  y en los recuerdos de la gente, cuando no hay quien taque la cebada.  

 

Luis Rivadeneira Játiva
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