¿Sólo la minería?

Mediante un operativo militar, el gobierno nacional intentó parar la minería ilegal en los cantones Eloy Alfaro y San Lorenzo al norte de Esmeraldas. Resultado del operativo: 67 palas mecánicas inutilizadas con explosivos, para evitar que nuevamente vuelvan a operar.

Entre las razones esgrimidas para semejante medida están la defensa de la ecología, de la naturaleza y, ahora, la vigencia de procedimientos delictivos en torno a la explotación minera ilegal. No es momento de entrar a discutir las razones de las autoridades gubernamentales.  Tampoco para preguntarse si tuvieron o no razón para aplicar medidas que, en principio parecen exageradas. Sin embargo, lo que sí preocupa  es que en la defensa de la ecología y de la naturaleza no se utilicen similares procedimientos con otras actividades que sí están acabando, arrasando con los últimos reductos del bosque primario esmeraldeño.
Todos los días, ibarreños e imbabureños son testigos de cómo grandes tractomulas transportan enormes trozas de madera, árboles centenarios de lo que le queda al país de la selva del Chocó, caídos por la codicia de unos pocos, sin que a nadie en el gobierno nacional, y menos en los gobiernos regionales, provinciales, locales se le ocurra hacer algo por detener la inmisericorde deforestación. Para pararla no existen operativos militares, ni destrucción de los enormes tractores que ingresan a la selva para destruirla. No. Los intereses de los poderosos madereros, están sobre los del país.
Este gobierno de las revoluciones tiene miedo de aplicar lo que dice la Constitución en sus artículos 71, 72, 73. Miedo para proteger la naturaleza, miedo para aplicar medidas de precaución y restricción cuando los que la tocan son los poderosos. Pero qué afanoso, cuando son otros.
Muchos se preguntan por qué, en lugar de destruir las palas mecánicas, no las incautaron y las donaron a municipios que las requieren para desarrollar el país. En un país democrático es inaceptable la política de hechos consumados, a no ser que eso también sea parte de la revolución.

 Jacinto Salas Morales

salasjacinto@yahoo.com