¿Quién tendrá la última palabra sobre los contenidos? (I)

ruben-darioA partir de las sanciones de la Supercom a medios y periodistas se viene instalando en el Ecuador un debate que, bien conducido, traería notables y tangibles beneficios para la sociedad. Pero no estoy seguro de que exista la conciencia y/o la voluntad de conducirlo hasta donde debe llegar: a la construcción del ciudadano crítico.

La existencia de la Ley Orgánica de Comunicación (LOC), del Consejo de Regulación y de la Supercom son, por sí mismas, el primer aspecto esencial en una reflexión que empieza a ocupar importantes espacios en los medios de comunicación. ¿La Ley, el Consejo y la Supercom son represivas, controladoras y censuradoras? ¿Su existencia está generando miedo en la prensa y en los periodistas? ¿Está produciendo autocensura? ¿Está golpeando las libertades de expresión y de prensa?
Aparentemente sí, según un sector mediático y periodístico que ha venido planteando, desde hace cuatro años, cuando se empezó a hablar de la necesidad de la Ley, que con la autorregulación es suficiente. Llegaron, incluso, a acuñar un frase: “La mejor ley es la que no existe”.
Otro sector, sin embargo, defiende la necesidad de regulación y de vigilancia de cierto tipo de contenidos y saluda la vigencia de la LOC y de los organismos de control. Según esta posición, la libertad de prensa se convirtió en libertinaje y los medios acumularon demasiado poder como para que los ciudadanos puedan ejercer su derecho a exigir calidad. Pero, ¿está exigiendo ese derecho el el ciudadano? ¿Hay formas de saber que en el Ecuador se está formando un lector crítico, un radioescucha exigente, un televidente riguroso? Me parece que este es el quid del debate.
El peligro concreto de que sin una ciudadanía activa y participativa, que asuma como suyo el derecho a demandarnos a los periodistas y a los medios más calidad, nos quedaremos en un tutelaje político-institucional que no necesariamente represente a la sociedad.

Rubén Darío Buitrón
www.rubendariobuitron.wordpress.com