¿Qué oculta la mente de un abusador sexual?

violadorIBARRA. Un total de 86 delitos sexuales han sido denunciados y judicializados en lo que va de este año en Imbabura. La mayor parte de las víctimas son menores de edad. El Ministerio Público ha iniciado etapas de instrucción fiscal en contra de quienes han sido determinados como posibles autores de estas infracciones penales y otros ya han sido sentenciados.

Pero, ¿qué hay detrás de una violación, un abuso, acoso, u otros delitos de tipo sexual? ¿Por qué las víctimas en su mayoría tienden a ser niñas o adolescentes de escasos recursos económicos? La respuesta a estas incógnitas parte de un comportamiento inadecuado por parte de quienes cometen la infracción. Conceptualmente, un agresor sexual es un hombre o mujer que ataca a otra persona de cualquier sexo y edad, para dominarlo sexualmente sea a manera de abuso o violación. Krafft – Ebing es un reconocido psiquiatra alemán que se especializó en temas de intimidación sexual y fue quien propuso la designación de perversión sexual como un acto por el cual la satisfacción está ligada al sufrimiento o a la humillación e incluso el sadismo. Los primeros agresores sexuales se dieron a conocer a partir del siglo 19, aunque se conoce sobre abusos que no se hicieron públicos, pero que se cometieron hace mucho tiempo. Las agresiones sexuales han sido consideradas por los profesionales de justicia como el resultado lógico e imperioso de una invitación sexual provocada por la víctima por su forma de vestir, comportamiento sugerente, entre otros argumentos. Se ha planteado además como una conducta patógena que es el fruto de personalidades desequilibradas que han sido afectadas en su infancia o adolescencia. Estudios han revelado que los violadores son personas que registran episodios violentos del mismo tipo en su pasado. Al paso de los años, su reacción agresiva florece y buscan “desquitarse” con otras personas. El daño que ocasionan en los agredidos y agredidas son severamente graves dependiendo del acto cometido en su contra. Sin embargo, las investigaciones desarrolladas por especialistas en el área mental, determinan que no solo las personas que han tenido secuencias de violencia en su infancia o juventud están condenados a replicar sus actitudes en la madurez, se han conocido casos de personas que durante su vida han llevado un comportamiento honorable y normal, pero que luego cometen ataques sexuales. ANTECEDENTES En febrero de 2013, el cuerpo sin vida de una adolescente fue encontrado en la habitación de un motel en Ibarra. Si bien, la autopsia reveló que la causa de muerte fue por atragantamiento, el examen arrojó más. Ella presentaba signos de una brutal violencia sexual de la que fue víctima. A partir de entonces, personal de la Dirección Nacional de Delitos Contra la Vida Muertes Violentas Extorsión y Secuestro, DINASED de Imbabura, iniciaron las investigaciones y un funcionario activo de Vigilancia Aduanera fue vinculado como principal sospechoso del presunto delito de violación con muerte. El caso generó conmoción social. El hombre fue sacado de las filas aduaneras durante el proceso penal seguido en su contra. La audiencia final ante los jueces del Tribunal Único de Garantías Penales le otorgó la pena máxima de 25 años de cárcel, tipificada y sancionada en el Código Penal anterior, convirtiéndose en una de las condenas más altas otorgadas por este tipo de delitos de tipo sexual. Actualmente el judicializado purga su pena en el centro penitenciario de Ibarra. Otro caso de abuso sexual con intento de asesinato se registró en la comunidad de La Mojandita (Otavalo). La víctima fue una mujer de aproximadamente 25 años que fue golpeada, torturada y violada por tres sujetos del mismo sector. La pena privativa de libertad que les otorgaron a los implicados fue de 16 años. En las investigaciones desarrolladas por una psicóloga acreditada de la Fiscalía se indicó que uno de los implicados era sádico sexual, pues su comportamiento y los hechos reflejados en el ataque a la afectada mostraron el grado de violencia que perturba al implicado. Este se convierte en el único caso, por el momento, en el que una persona muestra este tipo de comportamiento. AGRESIÓN A MENORES Los ataques a menores de edad cumplen un patrón en particular. Las víctimas son niñas de entre seis y 14 años y adolescentes de 15 a 17. El factor económico precario en el que se encuentran la mayor parte de las afectadas es el punto de convencimiento por el que los agresores llegan a cumplir su cometido. Regalos y dinero se vuelven un atractivo para las infantes y adolescentes. En octubre, un caso produjo la indignación popular. Un hombre mantenía relaciones sexuales con niñas de 12 y 13 años de edad. Las pequeñas recibían obsequios y dinero en efectivo a cambio de favores sexuales. Personal de la Dirección Nacional de Policía Especializada para Niños, Niñas y Adolescentes, DINAPEN, capturó al implicado cuando acababa de cometer el delito. El proceso judicial está vigente.