¿Por qué nos alegramos?

Según el gobierno estadounidense, el líder del Al Qaeda, Osama bin Laden, fue asesinato por sus fuerzas armadas en Pakistán.

Claro, hay que tomar las palabras del gobierno con escepticismo, pues han tirado el cadáver -la evidencia- del hombre más buscado del mundo al mar, pero no importa. El gobierno estadounidense ha declarado victoria en la guerra contra el terrorismo, y el futuro ha llegado.

El pueblo de los EEUU puede olvidar la continuidad de la crisis económica, que todavía falta por solucionar, y enfocar en sus fuerzas antes de las elecciones presidenciales en 2012. Sin embargo, no podemos evitar preguntarnos en qué sentido se define este victoria. Sin duda, no representa una victoria para la regla de la ley ni para la lucha contra los enemigos de los EEUU, quienes verán esto como otra demostración del imperialismo. Es importante para considerar que los EEUU, entre otros, siguen definiendo su lucha contra el terrorismo en términos negativos, es decir, en términos de violencia y no de desarrollo. La única victoria que este asesinato extrajudicial podría representar, es una victoria para los que se benefician de los negocios de la guerra. No es ilógico para pensar que este asesinato no cambiará nada. Ya ha dicho la secretaría de Estado norteamericano, Hillary Clinton, que los EEUU seguirá con su guerra sin fronteras y que “nadie puede vencernos”. Hay que tener cuidado en pensar en el asesinato extrajudicial del líder del Al Qaeda como una cosa buena, porque, al fin, cuando nuestros hijos aprendan de nuestra historia contemporánea, le va a parecer bien ridículo que todo el mundo estuvo más preocupado sobre un puñado de locos y no del imperio que los crearon ni los efectos del cambio climático, que representa una amenaza más peligrosa ante todo y particularmente en términos de la seguridad de la nación.

 Alejandro Cordero

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