¿Otavalo sin identidad?

¿Cuántas generaciones hacen falta para que la milenaria cultura otavaleña desparezca del todo?, disfrazada de chabacana modernidad y de amorfa globalización, la desmemoria se ha ido tomando sigilosamente la ciudad, se ha ido apropiando por partes del patrimonio del capital más importante que tenemos: ¡Nuestra Identidad! Primero, en los varones fue el vestuario, luego fue desapareciendo la trenza; las artesanías originarias cedieron su espacio identitario a las de cualquier otra parte, y la emblemática Plaza de Ponchos considerada hace tres décadas como la más importante de América en su género, a duras penas conserva su razón de ser por ese siniestro maridazgo entre la falta de políticas municipales para mantener su status originario, y la inconsciencia codiciosa de sus ocupantes a quienes les importa más los dólares que la cultura que los genera. Como si eso fuera poco, las indígenas, me refiero a las jóvenes, las guardianas del “fuego de la cultura” han comenzado también a mimetizarse, como si su vestido tradicional no fuese tanto y más elegante y hermoso que las fugaces modas occidentales. Cada día disminuye el número de indígenas que hablan el kichwa… cuando el idioma originario haya desaparecido, nos lamentaremos de lo grandiosa que fue la cultura otavaleña, con la añoranza con la que recordamos la desaparición de los dinosaurios. Este es el momento para que mi buen amigo el Alcalde se reserve la dirección de cultura para los verdaderos gestores culturales indígenas.