¿Futuro, la minería?

La tardía decisión del Estado de intervenir en Buenos Aires para frenar la minería ilegal, con todas sus secuelas rayanas en la delincuencia, ha permitido develizar, al menos parcialmente, el proyecto de hacer de Imbabura una provincia de intenso desarrollo minero. En estos días se mencionan al menos tres grandes concesiones: Llurimaguas, Cascabel, Junín, a las que se sumaría Buenos Aires. Una de ellas, Cascabel, situada en la rica zona agrícola y ganadera de Lita, La Carolina y sus vecinas parroquias carchenses, tendría tal potencialidad que la convertiría en mina de clase mundial para la producción de cobre, oro y plata. Si la exploración confirma los estudios preliminares, Imbabura y, particularmente Ibarra, serán zonas de un inesperado desarrollo económico y laboral, como no lo ha tenido, hasta el momento, la provincia. Sin embargo queda una preocupación. Imbabura ha permanecido al margen del proceso cumplido hasta ahora. Manejado por el Estado, las entidades seccionales que representan a los imbabureños, no han sido tomadas en cuenta en ninguna de las etapas de una posible explotación minera. Ello, no obstante las polémicas consecuencias que aquella tendría en la población, producción agrícola y pecuaria, ecología de la zona y turismo. Imbabura debe impedir la amarga experiencia amazónica. Debe exigir participar activamente en el proceso y garantizar que parte de esa fabulosa riqueza promueva, al fin, el progreso de esta olvidada provincia.