¿Ética digital?

Es distinta la ética en un medio tradicional y en uno digital? La pregunta la hacen con frecuencia los jóvenes periodistas y los estudiantes. La cuestión vuelve a escena a propósito de que el 5 de junio, el Consejo Pontificio celebró la 45° Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

El tema de este año es, precisamente, el que tanto inquieta a periodistas y estudiantes: ¿cómo ser auténtico en la era digital? Cuando escucho esa pregunta, suelo responder con otra: ¿y por qué tendría que ser distinta la ética del periodismo digital a la ética del periodismo tradicional? La ética es una sola. ¿Qué diferencia, hay, por ejemplo, cuando un medio impreso oficialista ataca a un medio no oficialista y hace exactamente lo mismo desde su página web, con los mismos contenidos agresivos? Si el tema es similar, si la línea editorial está trazada por los mismos estrategas, ¿qué elemento de ese discurso diferencia lo tradicional de lo digital? La ética periodística no tiene nada que ver con “el formato, el soporte o la plataforma”, para usar el lenguaje cibernético de moda. El sentido de dignidad es el que define la ética tanto de la conducta del periodista como de sus hábitos de trabajo. Es ese sentido del respeto a los demás, de pensar en el otro, de tolerar el pensamiento diverso, de sudar las calles para contar la vida. Aquel Concilio definió tres grandes ejes éticos: 1.- Formar conciencia frente a la responsabilidad de cada individuo, grupo o sociedad como usuarios de los medios. 2.- Invitar a que los medios se empleen conforme al diseño de Dios sobre la humanidad. 3.- Estimular a los creyentes para que su solidaridad permita financiar los medios que evangelizan en función del desarrollo y el progreso de la comunidad. Hace 45 años no existían Internet, los medios digitales, las páginas web, los blogs, el Facebook, el Twitter y las redes sociales. Pero el otro, el prójimo, el vecino, la gente, los pobres, han estado y estarán siempre. A ellos nos debemos desde lo tradicional y lo digital. A los periodistas no nos corresponde ser éticos a la carta.

 Por Rubén Darío Buitrón
      Tomado del blog:
      www.rubendariobuitron.wordpress.com