¿Es posible humanizar el proceso educativo?

Con frecuencia las entidades y sistemas educativos homogenizan procedimientos cuando planifican y ejecutan procesos de enseñanza-aprendizaje; de manera particular, también ocurre con prácticas generalizadas de evaluación.

Se crean rupturas innecesarias en lo que debe ser una aventura intelectual para disfrutar de la vida, para conocer y transformar pensamiento y sociedad.

Se cree que es “normal” el aparecimiento de un clima de control que cosifica a los actores de los procesos educativos.

Así, con frecuencia surgen momentos de temor, miedo y estrés sobre los que anidan muchos conceptos distorsionados de lo que es o debe ser la formación integral humana y la evaluación educativa.

El documental “Evaluación de estudiantes” de la Universidad de Málaga-España, no escapa a esta lógica. Se pueden apreciar escenas tan comunes o parecidas a las que tenemos en nuestras aulas.

La idea que subsiste es entregar contenidos y medirlos; o, hacer exámenes para promover niveles en la carrera profesional. Esta práctica olvida que el propósito central de la educación es la potenciación de las capacidades intelectivas superiores del pensamiento.

Todos (instituciones, sistemas y personas) debemos cambiar de concepciones en el ejercicio de educar y de manera especial en la evaluación, ya que forman parte de un mismo proceso que ocurre a lo largo de la interacción que realizan los sujetos intervinientes.