No es la primera vez que por los torpes revanchismos políticos se cae en el error de encontrar “cucos” donde no hay. La clase política también ha decaído en sus principios de servicio al pueblo, pues no entienden, en muchos casos, lo que ese honor representa. En la actualidad, a tanto llega el odio político, que si una obra es construida por las “anteriores administraciones”, prefieren no tomarla en cuenta, bloquearla, paralizarla e iniciar otras con “sello propio”. Los ciudadanos se quedan perplejos ante actitudes que no se entienden. Acaso, nos preguntamos, ¿la obra pública tiene dueños particulares? Por supuesto que no, las obras, por más mínimas que sean le pertenecen al pueblo, a la gente, a todos. La construcción de una vía, de un canal para riego, de una casa comunal, de un parque, etc., se hacen con plata de los ciudadanos y las autoridades están para apoyar, continuar y generar nuevas iniciativas. ¡Por favor, entiendan eso!