Indigencia y salud mental en Imbabura

2En Imbabura hay cientos de personas que viven en mendicidad, pero hay algunos casos que no han tenido la atención necesaria, ya que no existe un lugar en el que puedan ser tratados permanentemente, por que además de vivir en indigencia tienen problemas de salud mental.
Hay casos de gente en la Ciudad Blanca que tiene más de 10 años viviendo en la calle y no se los ha ubicado en centros que puedan entregarles la atención necesaria para tratar su problema psicológico.

HISTORIA
En la General Julio Andrade y Teodoro Gómez una mujer de la tercera edad vive en las orillas del “Parque de la Familia”, en un espacio de un metro por un metro, se instaló en el 2006, en este lugar ha tenido que vivir condiciones precarias.
En su “domicilio”, hecho con plástico de fundas de basura, a veces con otro tipo de material más fuerte, la mujer debe soportar noches de frío y días de sol. Cuando la lluvia es fuerte su vivienda se destruye.
En el piso ubica cobijas que son el suelo de su hogar y el colchón en el que duerme durante las noches. En parte de la vereda hay dos ladrillos y unas cuantas leñas que son su cocina, con una olla prepara sus alimentos: Agua, sal, cebolla, entre otras provisiones forman parte de su dieta y así sobrevive.
Hay personas que le regalan comida, algunos le llevan parte de lo que prepararon en casa, otros la mezcla de las sobras de su familia, la anciana no come esto y lo bota a la basura o alimenta a los perros, que son su compañía. Con los animales conversa y les enseña a no ensuciar dentro de su hogar.
“En la ciudad hay personas que dicen que ella se come los perros, pero esto es mentira, los cuida con mucho cariño y se preocupa por alimentarlos. Hay gente que le roba los animales mientras está dormida o pasan en motos y se los quitan, cuando esto sucede llora y empieza a quemar todo”, dijo Ana Ayala, moradora del sector.
Hay gente que llega al lugar a molestarle, le lanzan piedras, le gritan “loca”, se burlan y algunos que le han dañado el espacio preparado para dormir. Cuando le pasa esto o cuando tuvo un mal día, lanza todas las cosas que tiene y enciende fuego para alivianar su ira, según sus vecinos esto lo hace porque piensa que así hace daño a quienes la molestan. Cuando termina la crisis se calma y en ocasiones limpia lo que hizo.
Varias instituciones han intentado ayudarla y llegan con implementos para que pueda vivir en el lugar de mejor manera, el Grupo de Caballería Yaguachi le obsequió una carpa nueva, pero después de que un grupo de jóvenes le molestaron y por la ira quemó todo lo que le dieron.
Gustavo Ayala vive frente a la anciana y la vio llegar hace una década, desde ese momento ha buscado la forma de ayudarla, le ofreció asilo en su casa, pero la situación mental de “Carmela”, como la nombraron para comunicarse con ella, no le permite estar en un lugar a puertas cerradas y les dice que entra si dejan las puertas abiertas, “eso no es posible ya que tengo que cuidar la integridad y seguridad de mi familia”.
Durante los años que vive en el lugar, algunas personas han intentado violarla por lo menos 50 ocasiones, entre ellos otros mendigos que tienen problemas de salud mental, también la han golpeado y los vecinos, por los gritos y llamados de auxilio, han salido a rescatarla.
Por cuatro veces la han llevado a asilos de ancianos, pero por su psicología se escapa y vuelve a su refugio en Yacucalle.

AUTORIDADES
El Ministerio de Inclusión Económica y Social, MIES, ejecuta proyectos de protección especial con el fin de erradicar la mendicidad, hay 220 personas que están en programas de prevención y constantemente se realizan trabajos para que salgan de este grupo social.
La labor se centra en visitas a los sectores que viven, sensibilización, identificación necesidades e intervención para integrarlos a emprendimientos.
Miriam Quiroz, encargada de los proyectos de protección especial del MIES, indicó que cuando las personas en estado de mendicidad tienen problemas de salud mental son remitidos a las autoridades de salud.
La especialista zonal de discapacidades del Ministerio de Salud, Jennifer Morejón, manifestó que se ha realizado los trámites pertinentes para generar los procesos necesarios para el tratamiento psiquiátrico.
En Imbabura hay una psiquiatra que presta sus servicios al Ministerio de Salud desde Otavalo, si su diagnóstico es que las personas necesitan ser internados en un centro de salud mental se los traslada a Quito, pero máximo por tres meses y se los regresa a su familia.
El problema que manifestaron las autoridades de los dos ministerios es que no hay compromiso por parte de las familias de las personas en vulnerabilidad para tratarlas y no les administran los medicamentos de forma adecuada.
No hay un lugar en el país para mantener en cuidado permanente a estas personas y por esto gente como “Carmela”, se quedan por años viviendo en la calle. Para generar mejores espacios de trabajo para estas personas es necesario que las autoridades laboren articuladamente.