“Nada que celebrar” para los indígenas de Suramérica en su día internacional

Perú-Ecuador, 9 ago (EFE).- “Nada que celebrar” y mucho que exigir es el sentimiento compartido entre los cientos de etnias nativas que habitan en Suramérica para este domingo, día internacional de los pueblos indígenas, al que las consecuencias de la pandemia de la COVID-19 sustraen cualquier conmemoración festiva.

 

El Plan Nacional de Desarrollo señala que en Ecuador hay 14 nacionalidades y 18 pueblos, “algunos de ellos con lenguas propias”. De estas, once nacionalidades y pueblos están en zonas fronterizas y siete son transfronterizas: Shuar, Achuar, Shiwiar, Andwa, Siekopa’i, Sápara y Kichwas, en la región amazónica.

 

Además de la región oriental o amazónica, las nacionalidades y los pueblos indígenas están en la región sierra norte y centro, en las provincias de Imbabura, Cotopaxi, Tungurahua, Bolívar, Chimborazo y Cañar.

 

“Hace 26 años que se decretó este día de los pueblos indígenas (…) pero esta pandemia está revelando su abandono total y esos derechos reconocidos hace ya casi 30 años que no se cumplen”, aseguró a Efe Gregorio Díaz Mirabal, presidente de la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) de Lima, Perú.

 

Son más de 20 millones los indígenas que perviven en Suramérica y representan a casi el 5 % de la población de la región, repartidos en unas 420 etnias, algunas bajo un peligro de extinción inminente como los isconahuas o los awá.

 

Pese a que Brasil es el país poblado del continente (210 millones de habitantes), su censo registra unos 900.000 indígenas. Los países suramericanos más poblados de indígenas son Bolivia y Perú, con más de 6 millones cada uno; seguido de Chile, con 2,2 millones; Colombia, con 1,9 millones; y Argentina con unos 955.000.

 

La mayoría habita en zonas rurales y remotas donde a veces la presencia del Estado es mínima y acceder a servicios básicos una odisea, como quedó al descubierto cuando el coronavirus ha ingresado con toda su virulencia en sus territorios. En la Amazonía puede tomar varios días de navegación por río llegar a un centro de salud.

 

“La pandemia ha matado la política hacia los pueblos indígenas que quizás nunca existieron más allá del papel. Ha desnudado la crisis estructural de nuestros gobiernos. Si no atienden a las ciudades, imagínate cómo están de abandonados los pueblos indígenas”, indicó Díaz Mirabal, del pueblo wakuénai kurripako.

 

VULNERABLES A AMENAZAS DE SIEMPRE

Durante la pandemia han continuado además el resto de amenazas ya rutinarias que enfrentan los pueblos indígenas y, en algunos casos, incluso se han recrudecido.

 

La emergencia no ha detenido los asesinatos de indígenas que defienden sus territorios de invasores que buscan sus tierras para cultivos, narcotráfico, tala ilegal o minería ilegal, ni tampoco los planes para ciertos proyectos de hidrocarburos.

 

Menos aún la violencia, como la violación sexual de un grupo de militares a una niña indígena emberá en Colombia, lo que provocó la indignación y las protestas de los nativos en pleno confinamiento.