“¡Viva el licenciado Camacho!”

Hace pocos días salió a la luz pública el caso del docente de un colegio -el llamado ‘patrón’ Mejía-, que azota a varios alumnos con un garrote. La violencia, entendida como el uso deshonesto, prepotente y oportunista del poder de ciertos profesores sobre sus alumnos, desgraciadamente, sigue vigente en la educación ecuatoriana. ¡Oh, sorpresa!, mientras las autoridades educativas empezaron las investigaciones para sancionar al docente azotador, muchos exalumnos, alumnos y padres de los azotados, hasta protagonizaron violentas manifestaciones de respaldo al verdugo: “Así hemos aprendido”, “No es agresión, es corrección”, vociferaban unos padres de familia; “Es mi segundo padre”, “Él es todo para mí”, “Deme un palazo, yo si aguanto”, “En la casa nuestros padres nos corrigen y él acá nos corrige más”, “Siga como es”, “El palazo nos ha servido”, “¡Viva el licenciado Camacho!”, coreaban sus alumnos admiradores.

Los siguientes datos, quizá sirvan para explicar el absurdo comportamiento de los defensores del docente agresor: En el Ecuador, durante la década correísta la violencia de padres a hijos aumentó del 35 % al 44 %.

La violencia de género afecta a 6 de cada 10 mujeres. El 30 % de quienes tienen entre 5 y 17 años están expuestos a golpes o insultos en sus centros educativos. Al parecer, esto hace que mucha gente asuma a la violencia como algo normal en su vida. Triste realidad.