¡Usted es un buen dictador!

Myriam ValdiviesoAy, perdón, no quise decir eso, es la emoción por haberme traído al Ecuador, país al que conocía sólo en el mapa,  donde se señala  la mismísima mitad del mundo; vaya  nunca me imaginé que fuera así, les suponía  de otra manera, ustedes son tan amables y felices, y en verdad  Señor Presidente:usted es un muy buen dictador, porque veo a toda la gente feliz  y sonriente en la calle, disfrutando del verano y de la gran cantidad de eventos culturales y políticos que tienen a diario; ¡perdón, perdón!, creo que ya metí la pierna, digo la pata como dicen ustedes. Imagínese, yo no voy a ser ni indiscreta ni mal agradecida con este viajecito organizado por la Cancillería,  como parte de algún show debe ser, o de alguna campaña, o para aumentar las adhesiones hacia mi hijo querido, Julián, el rey de los hackers, porque veo que aquí el  “hackeamiento” está en plenitud.  Han aprendido rápido, tanto que se ha armado un revuelo con la venta de la información electoral; digo, de los padrones donde constan las firmas de los votantes. Ustedes superaron a Julián, ésta información y falsificación de firmas no la hubiera logrado él, si no tenía un fuerte contacto dentro del propio Concejo Nacional Electoral, es fantástico lo que puede hacer la tecnología y la corrupción. Veo a los políticos rasgarse las vestiduras diciendo que ellos sí han recogido las firmas, no sé si son firmas para apoyar el asilo de mi hijo, pero de todas maneras apuren con el trámite, que mi viaje no va a ser en vano;  no ven que eso es más importante que lo que sucede aquí, donde todos hablan de comprar y vender firmas a empresas fantasmas  para ser reconocidos como “políticos”. Por lo que deduzco aquí estarían  en juego las próximas elecciones, pero ¿a quién o a quiénes interesaría que no se realicen en la fecha establecida?  Bueno, ventajosamente ustedes pueden estar bien informados de lo que sucede a través de los medios, de lo contrario no se hubiera conocido nada, y todo sería paz y amor, como con el movimiento hippie, del que fui activista. A veces es mejor vivir en el “ nirvana” antes que saber del día a día de este lugar.