¡Loor a los artesanos!

Desde inicios de la humanidad, grandes imperios y ciudades se han levantado en el mundo con el trabajo silencioso y tesonero de hombres humildes que dieron lo mejor de sí mismos en cada trabajo que crearon con sus prodigiosas manos, pero lamentablemente en las páginas de la historia sólo se muestran las hermosas obras más no quienes las elaboraron. El 5 de noviembre de 1953 se promulgó la Ley de Defensa del Artesano en el Ecuador, no sólo para normar sus deberes y derechos sino también para resaltar su creatividad e ingenio como los artífices del progreso de la Patria.

En el pasado, la gran mayoría de artesanos heredaban el conocimiento de sus padres y abuelos, utilizaban materiales tradicionales y telares rudimentarios, laboraban sin horario día y noche, pero el amor con el que elaboraban sus trabajos les hacía inigualables.

En la actualidad con el uso de la tecnología, maquinaria sofisticada y un conocimiento técnico, las obras se producen en un tiempo récord de acuerdo a gustos particulares, necesidades de los clientes, y en el número que requieran. No obstante, se debe resaltar que jamás la máquina más perfecta podrá reemplazar a un artesano porque Dios puso en su mente la sabiduría, en el corazón el amor, y en sus manos las herramientas más idóneas para tejer las ilusiones de los jóvenes, hilar los sueños de las mujeres, pintar el arco iris de los niños, tallar los recuerdos de los adultos mayores y componer las más dulces melodías que nos enamoran de la vida. ¡LOOR AL ARTESANO!