¡Dejemos de quejarnos!

Sí se compara entre el campo y la ciudad se puede dar cuenta fácilmente ¿quién es rico y quién es pobre? En la ciudad por los rascacielos apenas se puede mirar el sol y sentir su calor, mientras que en el campo, por cualquier camino que se vaya, se puede disfrutar de un sol resplandeciente y caluroso. En la ciudad para poder ver en la noche se necesita de iluminación y de energía eléctrica, mientras en el campo únicamente de la luna y las estrellas. En la ciudad para protegerse del peligro se necesitan muros altos, alarmas sofisticadas y guardias armados, mientras que en el campo se vive con las puertas abiertas, un perro vigilante y el cuidado de los vecinos. En la ciudad para poder comer se compra comida preparada y se vive enfermo, mientras que en el campo se cocinan los alimentos frescos y se vive sano. En la ciudad para poder nadar se dispone de una piscina con medidas limitadas y agua tratada, mientras que en el campo se tiene los ríos con agua cristalina que van hasta los océanos. En la ciudad para escuchar buena música se utiliza la radio, CDs, y Ipods por unos minutos, mientras que en el campo se escucha la sinfonía de los pájaros, grillos y riachuelos. En fin, en la ciudad se vive conectado al móvil, ordenador y televisión, mientras que en el campo conectados a la vida, naturaleza y familia. Entonces a partir de hoy no sólo dejemos de quejarnos por no tener dinero ni bienes materiales, sino también valoremos todas las riquezas naturales que Dios nos ha dado para vivir en paz.