16-12-2019 | 08:29

Una vida de lucha contra el alcoholismo y drogadicción

Las historias en este centro de ayuda y recuperación son muchas, pero cada una tiene un objetivo similar que es salir de este mundo de las adicciones.

Ibarra. Las adicciones del alcohol y drogas no entienden de edades, sexos, ni condiciones sociales y económicas.

Cualquiera puede caer en sus redes. Alrededor de 100 personas entre hombres y mujeres pertenecen al Movimiento 24 horas de Alcohólicos Anónimos de Ibarra, para ellos cambiar su vida no les ha resultado tan fácil, cada uno lucha a su manera para salir de este círculo.

Importante. Este movimiento se encuentra a nivel nacional. Trabaja las 24 horas los 365 días del año. Cuenta con un espacio para hombres y mujeres que deseen de manera libre y voluntaria permanecer por el tiempo que ellos estimen para estar ligados por completo a su recuperación.

Otra opción en la militancia en la cual asisten a las juntas que se llevan a cabo antes o después de las actividades cotidianas. Los servicios son totalmente gratuitos.

Compañeros que ya se han reintegrado a la sociedad, parte de sus ingresos los aportan al grupo. Carlos integra este grupo, y mencionó que la recuperación en el lugar no se trata en el sentido médico, más bien es a través de la comunicación realizando juntas de dos horas.

Las historias en este centro son muchas, pero cada una tiene un objetivo similar que es salir de este mundo de las adicciones.

“Yo odiaba el alcohol, lo detestaba”, dijo Henry B., quien es parte de este centro, manifestó que su padre era alcohólico y Henry no quería tener la vida que si papá llevaba. Aseguró que siempre fue una persona muy tímida pero el alcohol lo hacía sentir diferente ya que se convertía en una persona muy alegre y sociable.

“No me gustaba el sabor a licor, pero el efecto que causaba en mí era único, me volvía hasta un galán, ya tenía 18 años y ni siquiera tenía novia”.

Contó que algo le faltaba a su vida porque no era totalmente feliz, para poder ser feliz lo único que deseaba era beber, pero tenía un miedo, el cual era llevar la vida de su padre.

A los 23 años empezó a trabajar en el Cuerpo de Bomberos de Quito, ya era todo un profesional, su esposa en ese entonces le comienza a manifestar a Henry que ya tiene un problema serio con el alcohol, pero nunca quiso aceptarlo.

Su vida no fue fácil también cayó en las drogas, empezó a consumir base de cocaína. Pero su vida ha cambiado ya lleva 4 años libre de adicciones al ser parte de AA.

Luis P., a la edad de 16 años empezó a fumar tabaco y beber alcohol, dice que esto lo hacía sentir muy bien, poco a poco iba progresando su adicción, su familia lo llevó a iglesias, brujos, pero él asegura que bebía con muchas más fuerza.

Al entrar a este centro sintió mucho miedo, pero aunque hasta el momento sea difícil superar Luis lucha para cambiar su vida,