25-08-2019 | 07:30

25 años de vivir experiencias religiosas y llenas de amor

Ibarra. “El inicio del camino no es fácil ni tampoco durante el caminar, pero da una satisfacción, no como satisfacción personal, sino como la fortaleza de Dios junto a uno”, manifiesta sor Fernanda Vizuete que cumplió 25 años como religiosa de la orden salesia.

Es guayaquileña. Recuerda una de las experiencias reconfortantes el dar su apoyo espiritual a personas a punto de morir.

“Lo que necesitan ellos en esos momentos es sentir que Dios les ama y que, cualquier cosa que haya pasado en la vida, es Dios que nos ha puesto aquí para algo y que Él está siempre recibiéndonos, con los brazos abiertos”.

La hermana Fernanda cursa el séptimo semestre de Comunicación Social, en la UTPL, y considera que la carrera le ha ayudado a relacionarse con los demás. Le gustaría ejercer la profesión, en medio del pueblo”.

Sor Myriam Prado, desde los 18 años de edad es hermana salesia. También conmemoró sus 25 años en la orden religiosa.

Es otavaleña. Recuerda que nunca imaginó ser monja y que, en la época colegial, acompañaba a una compañera que tenía la vocación religiosa a una casa de formación. Pasó el tiempo y muchas cosas en su vida, pero lo que le marcó fue la muerte de su padre. “Empecé a plantearme el porqué y el sentido de mi vida y es ahí cuando encontré esta respuesta porque empecé a acercarme a Dios. Antes no asistía a la iglesia”.

Cuando su padre murió, Myriam empezó a buscar algo que le llenara y que sentía que le hacía falta.

Como parte de su experiencia, en estos 25 años, considera que todas son grandes y que, estos últimos cuatro años comparte cuidados con hermanas enfermeras que cuidan a las hermanas ancianas y delicadas de salud. “Es una experiencia maravillosa. Ver cómo las hermanas han dado toda su vida y se han desgastado a la vez para hacer que el reino de Dios siga creciendo y que nosotras, como salesias, sigamos en nuestra congregación. Lo que más me ha marcado es ver la realidad de la vida ya en su última etapa, y que lo más importante que queda es la riqueza que tenemos en nuestro corazón y para nosotras es Dios. Eso permanece para siempre, lo demás pasa”, manifiesta sor Myriam, que retornará a Italia en septiembre.