16-06-2019 | 00:00

Hace seis meses llegó a Ecuador y busca apoyo

Una cocina y un cilindro de gas, es lo que espera recibir el joven venezolano por las personas que deseen ayudarlo. A él lo pueden encontrar en el albergue municipal.

Ibarra. Huir del problema político y económico fue el objetivo de Leonel López, un joven venezolano de 28 años que hace seis meses llegó a Ecuador.

Su discapacidad física, la cual es del 73 por ciento no le impidió emprender ese largo viaje.

Pese a que tiene dificultad para caminar, él no se complica y para contar con un sustento diario, vende caramelos los viernes, sábados y domingos, desde las 10:00.

A Leonel es difícil entenderle cuando habla, por su discapacidad, es por eso que a veces opta en hacer señas, pero su sonrisa y carisma son contagiosos, se ríe y le gusta contar su historia, incluso saber lo que está pasando en la ciudad.

Escuchando lo que hablaba la gente, se enteró sobre el juicio de juzgamiento contra el policía David, y en un papel tenía escrito lo que pasaba, aunque esa escritura no era de él.

Recorrido. El viaje lo hizo solo en bus y se golpea su pecho expresando orgullo por el recorrido que emprendió hasta llegar a este país, donde asegura que hay todo, todo para vivir bien. Es atendido gratuitamente en los centros de salud.

Leonel se quedó cuatro meses viviendo en Tulcán, pero hace dos meses decidió venir a Ibarra y aquí está acompañado de sus coterráneos en un departamento.

La sopa es una de sus comidas favoritas y lo que él anhela es que alguien le done una cocina con su respectivo cilindro de gas, incluida las ollas para preparar su alimentación diaria.

Cuando no vende caramelos, Leonel pasa la mayor parte de su tiempo en el albergue municipal con las personas que integran el Cateviv (Centro de Atención Terapéutica Especializada para Víctimas de Violencia).

Problema. En su país dice que la situación es complicada, no hay comida, medicamentos ni trabajo. Sin embargo, asegura que el presidente Nicolás Madura “se roba el dinero”. En Venezuela, específicamente en Caracas, trabajó durante 11 años como mensajero.

Mientras pasa sentado en una silla y apoyando sus manos sobre un escritorio en el Cateviv, comenta también que su ilusión es irse a Canadá y se sonríe cuando lo dice.

Tradición. Además de vender caramelos y pasar el tiempo con la gente que ya es su amiga, asiste a una iglesia cristiana y menciona que Dios, es el único que le da fuerzas. Su felicidad aún es más grande cuando comenta que tiene sus papeles en regla y muestra su cédula ecuatoriana.