11-01-2020 | 10:28
(I)

En Ibarra, los puentes tienen requerimientos

Cinco puentes son los más evidentes dentro del perímetro urbano, al momento de movilizarse por el cantón. Cada uno tiene su objetivo y sus características.

Ibarra. La anunciada ampliación del puente de Los Molinos, en el norte de la ciudad, es una oferta de campaña que realizó la alcaldesa de Ibarra, Andrea Scacco, debido al congestionamiento que es evidente, principalmente los fines de semana. Sin embargo hay otras construcciones similares que también tienen sus necesidades.

El de Los Molinos es uno de los puentes más transitados en la zona urbana, junto con otros cuatro localizados en diferentes puntos del norte y sur de Iba-rra.

En otro ejemplo, el puente de la calle Tahuando, que conecta al sector de Los Ceibos, con el barrio La Victoria, también requiere una ampliación debido a que su estructura no abastece al número de automóviles que transitan a diario.

Cada uno de estos puentes cumple con la función de conectar diferentes zonas pobladas atravesando las quebradas que se forman en la geografía de la ciudad.

Otro puente que recibe gran cantidad de vehículos es el que se encuentra sobre la avenida Hernán Gonzá-lez de Saa, en El Ejido de Caranqui.

Allí se colocó un semáforo para controlar el tráfico, que también tiene sus horas pico, tanto en la mañana como en la tarde.

Dicho aparato está en el límite del puente, con el motivo de evitar que los carros se detengan sobre la estructura y prevenir accidentes.

Preocupación. Hasta la redacción de diario EL NORTE ha llegado la inquietud de los ciudadanos sobre las condiciones de estas construcciones y si se realiza un mantenimiento.

Los puentes, en cuestión de infraestructura, tienen una vida útil de alrededor de 60 años y en Ibarra no se tienen antecedentes de un análisis adecuado sobre el estado actual de los mismos.

Para el ingeniero David Ál-varez, docente de la Ponti-ficia Universidad Católica, Sede Ibarra, (Pucesi) la mayor parte de puentes son de hormigón armado por lo que su mantenimiento de-be ser periódico; más que por la misma construcción, por el terreno sobre el cual se asienta que, debido a las circunstancias del clima, provoca erosión en el suelo.

“Todos los puentes tienen un análisis estructural para inclusive llegar más allá de la capacidad que ellos poseen, siempre hay unos coeficientes de seguridad, por esto llegar al punto de un colapso en la estructura es un tema complicado de aseverar”, indicó Álvarez.

Además agregó que lo que sí podría ocurrir es que comience a fisurarse internamente.

Viabilidad. Según Álvarez, en el caso del puente que está vecino a la Unidad E-ducativa Víctor Manuel Guzmán, este es demasiado angosto y no permite la circulación peatonal, lo cual significa un riesgo de accidentabilidad.

“El problema es que las personas tienen 50 centímetros para pasar, por lo que los vecinos de la junta barrial estaban planteando ampliar el puente con vías peatonales”. Esta propuesta quedó solamente en estudios preliminares debido al tema de recursos económicos, indicó Álvarez.

Anillo vial. Para el ingeniero y docente universitario, además de estos puentes urbanos, en la ciudad existe la expectativa por las edificaciones que se encuentran en el tramo del anillo vial, en vías que sirven de enlace entre la capital imbabureña y otras ciudades.

Antecedentes. En Quito se produjeron dos afectaciones en las estructuras de los puentes. Uno ocurrió en el Valle de los Chillos cuando el puente colapsó por lluvias incomunicando al barrio de Santa Clara en el sector conocido como El Choclo.

En otro caso, el puente de La Recoleta, ubicado en el Centro Histórico, tuvo que cerrar debido a un socavón en el mismo, debido a la erosión producto de las aguas del río Machángara.