16-06-2019 | 00:00

Campeona mundial tiene su propio ángel de la guarda

A don Luis Morejón le gusta el atletismo, pues fue un deportista de fondo. Por eso le inculcó a su hija el amor por el deporte.

Ibarra. “Mi padre es el que nos cuida, nos aconseja, nos hace la comida, pero sobre todo nos da mucho amor”, así describe la campeona del mundo en marcha, Glenda Morejón, de 19 años de edad, a su padre Luis, quien se ha convertido en su ángel de la guarda. La atleta, que logró el cupo a los Juegos Olímpi-cos de Tokio 2020, tiene cuatro hermanos más y se han adaptado a que su padre haga todo en casa. Esa responsabilidad realiza hace 14 años.

Tomó la posta. En 2004 cambió su actividad laboral por el cuidado de sus hijos. “Tenía un taller de bicicletas y un almacén pequeño. Me dediqué a esa labor por 17 años, hasta que mi esposa me dijo que quería trabajar. Entonces decidimos que ella empiece con un negocio de frutas en Otavalo y yo renunciaba a mi oficio. Así fue y desde ese momento pasé a la atención de mis hijos”, dijo don Luis Morejón, quien no ha descuidado su hogar ni un solo minuto.

El día para la familia Morejón empieza muy temprano. Doña María del Carmen Quiñónez, madre de Glenda, es la primera en dejar su hogar, pues viaja hasta la ciudad ‘Sarance’ para atender su puesto de frutas. Su esposo le acompaña hasta la terminal terrestre para que tome el autobús. Luego vuelve a casa y empieza a preparar el desayuno para María Belén de 12 años de edad y también para la marchista de oro. Vanesa, Katherin y Luis, su hijo mayor ya no dan mucho trabajo, pues ellos ya son independientes. A media mañana sale de compras para el almuerzo.

Confesó que lo más complicado que ha tenido que enfrentar fue aprender los secretos de la cocina. “Fui difícil al principio, pero mis hijos se han adaptado a mi sazón. Me tocó aprender. Aún no soy rápido para preparar los alimentos, me demoro tres horas aproximadamente en dejar lista la comida. Además debo de pensar todos los días que hago de almuerzo”, nos cuenta entre risas.

Por la tarde guía a su hija menor, María Belén, en las tareas del colegio. Don Luis no se descuida de nada, pues casi simultáneamente

alista la indumentaria deportiva de la medallista y luego la conduce junto a su a María Belén, hasta los entrenamientos.

Regresa a casa, que está ubicada en la calle Tobías Mena, en Yacucalle, para ordenar y limpiar.

La tarea no termina allí. En la noche ultima detalles en su casa y espera a su esposa, para que ella termine la tarea diaria.

Esa rutina se cumple al pie de la letra de lunes a sábado, pues el domingo acompaña a su esposa a Otavalo.

Tiempo para el deporte. El padre de Glenda también tiene un espacio para hacer actividad física. Asegura que durante la semana trota tres veces una vez que deja a sus hijas en la escuela y en el entrenamiento. Corre por casi una hora.

El mejor papá. La marchista que rompió récord en A Coruña, España, el pasado 8 de junio tiene una fuerte relación con su padre. Ella confía mucho en él y dice que el mejor regalo que Dios le pudo brindar es tener a su padre a su lado a pesar de las dificultades económicas.

“Mi padre nos apoya a todos mis hermanos. En mi caso me va a dejar a mis entrenamientos y sobre todo me ayuda emocionalmente. Nuestra familia siempre está unida porque quien a Dios tiene en su corazón nada le falta. Y a pesar de todo ello él nos ha dado tanta fuerza para no rendirnos en las cosas diarias que hacemos”, dice Glenda, quien junto con sus hermanos y su madre alistan una sorpresa para don Luis en el día del padre, que en el Ecuador se celebra el tercer domingo del mes de junio. Lo único cierto es que en casa de los Morejón se cocina amor y unión y que según la campeona don Luis es el eje fundamental de la familia.