16-04-2019 | 09:30

120 jóvenes se volvieron en los “Ángeles de Esperanza”

En la página de Facebook “Ángeles de Esperanza”, los interesados en sumarse a estas iniciativas de ayuda social, pueden solicitar información.

Ibarra. Motivados por el compromiso social, la solidaridad y la empatía, 120 personas día a día se plantean nuevos objetivos para ayudar a quienes más los necesitan. El grupo de voluntarios “Ángeles de Esperanza” se creó hace un año atrás y desde el 28 de diciembre de 2018 se ha consolidado como uno de los más grandes a nivel de Imbabura.

Poco a poco. La idea nació cuando un grupo, de aproximadamente 20 jóvenes, encabezadas por el padre Cristian Andrade, se reunió para visitar a personas sin hogar y llevarles un plato de comida. Iniciaron con pequeños actos como estos pero luego empezaron a ayudar buscando recursos necesarios para brindar ayudas más complejas. Tiempo después el grupo de voluntarios creció y en la actualidad ya se han planteado grandes objetivos que van encaminados a seguir ayudando, sobre todo en los lugares más alejados y que por ende la ayuda no siempre llega.

Clown hospitalario. La presencia de payasos o “clowns" en los hospitales permite mejorar la recuperación de los pacientes. Es parte de lo que se denomina “humanizar la atención” y precisamente uno de los trabajos que realizan los voluntarios. Han estado en el hospital San Vicente de Paúl en Ibarra, Asdrúbal de la Torre en Cotacachi, San Luis de Otavalo, hospital del IESS en Ibarra y también en Quito.

Nuevo proyecto. Las brigadas médicas son el nuevo objetivo planteado y para ello contarán con la colaboración de médicos que recorrerán los lugares más alejados. Se realizarán consultas y diagnósticos gratuitos, además de la entrega de medicinas para los respectivos tratamientos.

“Estamos pensando en visitar como primer punto Yuracrucito porque sabemos que tienen varias necesidades. Posiblemente estaremos el 5 de mayo y continuaremos con una planificación de una visita por mes”, detalló Andrade.

Voluntaria. Liliana Patiño es una de las voluntarias. Se enteró del grupo por una amistad y considera que es una satisfacción poder ayudar. “Iniciamos unas 20 personas y cada vez se suman más grupos de chicos. Entre más manos que quieran ayudar, mucho mejor. Es una linda labor que llena el alma y el corazón”, comentó.